Quien osa decir que amar es fácil
si sólo pronunciar la palabra
hace daño.
Tocar, acariciar, sentir,
orgasmos múltiples y en serie,
anulan la palabra amor
y se revierten en verdugos,
dejando sin fé al mas creyente.
Quedamos cual siameses,
inexorablemente unidos
y a ratos nos parece
que la vida es horrible
porque tu buscas en mi
lo que yo no doy,
y yo te doy
lo que que nunca pides.
Caminas cuando yo quiero correr
y me acusas de traidora
a esta nuestra causa de delicias y pecados
porque salgo al encuentro de lo tierno.
El irremediable duelo de las culpas
que cada vez que te veo me aprisionan
impiden que te deje,
aunque una voz secreta me lo ordene.
Te amo sin esperanza de amor comprometido
pues seduces y coqueteas con mi cuerpo
y yo me quejo pero nó de lo mismo:
demasiados pedidos
demasiadas locuras
y pequeñitos consuelos
de caricias escasas.
El matrimonio obligado
de los que se encontraron tarde.
Y tarde parece que venimos
a complacer delicias superadas
o el cansancio de la nada
o el optimismo ennegrecido
por demasiadas penas.
El camino se bifurca,
hay que tomar una vía
y dejar que el otro
encuentre la suya sin promesas.
Marta







