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LA BREVEDAD EN EL TIEMPO (NOVELA)
Capitulo II
LUGAR COMUN
He contado los días, lo vengo haciendo desde que ingresé acá. No creo sea el momento aún para revelar el porqué estoy acá. Mi formación por lo que he podido ver ha sido totalmente distinta a la de los que me rodean, es por ello que me siento un extraño, para ser más claro, no entiendo nada de lo que hablan, su jerga es propia de tribus callejeras y el conocimiento que tengo de ésta es propio de libros, no de ésta tangente realidad.
Estoy tan confundido que ignoro cuáles son las razones para mi internamiento. Todo ha sucedido de manera abrupta y sin querer he ido más lejos de lo que todo escritor contemporáneo mío tras su compromiso con la sociedad hablando en términos políticos participación más involucrada se ha tenido.
Estoy ahora recostado sobre mi cama y ansioso espero el día de alta. Extraño mi libertad y mis otras formas de soledad que he tenido, pero acaso soy también consciente que la experiencia resulta interesante: estoy pues conociendo otros lados de la sociedad, lados que ahondaré más aún en estos escritos.
Somos algo de treinta internados entre varones y mujeres y, cada quien arrastra su historia personal.
Por ahora no hablaré de mí, me centraré en Dante, magnético personaje que vive un onirismo propio de los que están en el infierno. Me cuestiona su destino: en qué momento fue destruida su vida?.
Nos hemos reconocido. Una mirada auscultadora basta para saberse con un igual de espíritu. Y sin embargo otros han sido los caminos que hemos recorrido.
Años después supe del miedo del otro y lo constaté en él, en Dante.
Estamos ahora tiempo después en su casa. Estoy viviendo allí. He prendido un cigarro mientras él toca en su guitarra eléctrica temas de Paco de Lucía .
Nos acompaña “Gus” y la “yegua” .Estamos ahora tratando de componer una canción. Más acá desde donde estoy sentado las botellas vacías de vino nos hablan de toda una noche en la que el exceso nos ha brindado un momento de placer propio del desenfado.
Dante ha caído sobre el colchón que está en el piso. Estamos en su dormitorio. La calle es silencio después del alboroto que hemos causado. Nadie se ha quejado. Nadie nunca se queja. Afuera hay micro comercializadores de drogas y gente lupenesca. Antes éste era un barrio de alcurnia, ahora es decadente el habitar en él.
Mediante Dante he conocido personajes increíbles y dignos de ser eternizados en estos escritos. Acaso me han sabido brindar una visión más exacta de lo que nos ocurre.
Gus está ahora vomitando en el baño y a duras penas se mantiene en pie. Termina de hacer eso y de allí baja hacia el primer piso en donde ha encontrado una puerta abierta con una cama vacía. Esto era un hostal. Ahora es un antro de perdición.
La Yegua conversa conmigo. Es bella como madura. Sus cuarenta años son escasos para como poder encasillar el mundo que ella misma encierra. Libre y entregada a los excesos no piensa en la muerte, piensa en el momento y, en esto no hallo nada de nuevo, y ella parece haber entendido mis pensamientos mientras la he estado observando haciendo tiempo con el vaso de vino entre mis manos.
-y qué, seguramente tú sí conoces al mundo-su voz arrastrada por el efecto del alcohol no deja de ser enigmática y ella se siente atraída por mí-no me conoces, nadie me conoce, ni el mismo Dante...sabes qué el es un hombre?-bebí de un sorbo el vaso de vino al cual golpeé con fuerza sobre la mesa. Sus ojos son bien claros, celestes, su mirada es extranjera. Me es difícil ver un poco más dentro de ella.
He decidido entonces dejarla hablar, de pronto he sentido interés por saber con quién estoy tomando.
-pon algo de Kiss-le he dicho mientras que ella inmediatamente se ha levantado de su asiento, ha caminado sobre Dante pisando el colchón que está en el piso ( le lleva a lo mucho unos 12 años a él) he pensado, ha pateado el trasero de quién ella dice que sí es un hombre. Se ha aproximado hacia el dvd y ha puesto un video de Kiss. El ritmo es fuerte, es crazy crazy night’s, ese tema me recuerda mis tiempos bisoños.
Retorna la Yegua, se sienta apoyando sus brazos sobre la mesa y me mira sonriente, esa mirada la he visto ya en otras mujeres rubias de ojos claros. Está coqueteándome.
-Me sirves?-me dice.
-espera-le contesto, me estoy dirigiendo hacia el frigider que queda junto a las gradas en un hall pequeño que sirve de nexo entre las demás habitaciones ,la cocina y el baño. Ya no hay qué beber. La cerveza se ha acabado, el vino me ha dejado un sabor empalagoso en mi paladar. He revisado mis bolsillos. La yegua me mira, intenta levantarse, parece que no lo va a lograr, parece estar demasiado ebria ,pero lo ha logrado, ha tomado un nuevo aliento, se dirige al baño mientras dice:
-espera hombre, espera-y dentro del baño, sin cerrar la puerta, se ha visto en el espejo por un largo momento, como queriendo detener al tiempo, se siente bella y deseable, se está bajando el jean apretado que lleva, está orinando.-que ya vamos, quiero más vino!.
-y las llaves?-le he dicho. La yegua revisa sus bolsillos, mira a Dante, va hacia él, revisa también los bolsillos de él y grita.
-¡maldito bastardo!, lo ha vuelto a hacer, nos tiene encerrados a todos!-entonces hemos salido al balcón desde el cual se puede ver la claridad de la mañana y el parapeto que mide más de dos metros que es el muro colindante con la calle, nos ha causado risa-¡qué demonios!-estamos ahora en la calle.
A eso de las cinco de la mañana las calles empiezan a poblarse de todo tipo de personas. El transporte circula llevando hombres y mujeres a su destino, destinos que en ese momento desconocemos y no queremos saber, estamos atrapados en otra dimensión, los estragos del vino nos instan a querer conocer más la alegría compartida. Hemos cruzado una avenida principal y hemos llegado a una barraca donde se vende licores de todo tipo, desde los adulterados con etiqueta original hasta los más difíciles de encontrar.
-¡quiero esa damajuana!-otro día empezaba.
Estamos otra vez en el cuarto de Dante, el video de Kiss sigue prendido. Dante ha despertado por un momento ,repite: déjame en paz, déjame en paz, y ha vuelto a dormir cruzado sobre el colchón.
Adriana está otra vez en el baño, creo que se está frotando, puedo sentir su olor hasta acá. Prendo otro cigarro mientras me sirvo en mi vaso más vino. Al momento ella ha retornado y hace lo mismo en su propio vaso. Sonríe y muerde sus labios, me quiere besar.
-me cansas-me dice ahora- los tipos duros no son un misterio ya para mí, pero tú eres un poeta, no necesitas mostrar todo el tiempo esa coraza que no me permite apreciarte mejor,
sabes ,es más, me gusta lo que escribes, hay algo dentro de ti, hay algo y quiero conocerlo-la yegua está bebiendo de un solo trago el vino ,yo hago lo mismo, volvemos a golpear los vasos sobre la mesa .
-¡ya basta!-le he dicho enérgicamente mientras me he levantado de mi asiento y he ido donde ella para tomarla entre mis brazos, para levantarla y tirarla en el colchón de Dante-
¡eres la mujer de mi amigo!-le he gritado mientras ella caía sobre Dante quién ha abierto los ojos y los ha vuelto cerrar.
-¡por qué no me quieres!- me increpa la yegua.
Me siento otra vez para seguir bebiendo. Ella repite otra vez lo mismo y lo hace reiteradas veces. No le contesto, fumo mi cigarro y me pierdo en el video de Kiss.
-¡bésame!-me reclama la yegua.
-no beso a las mujeres-le he dicho de manera amable sin ánimo de ofenderla.
-no pensé que fueras gay, no lo pareces-,me ha dicho mientras se ha parado y vuelto a sentar para seguir bebiendo.
-no lo soy, mis razones son personales-la yegua estaba bien linda, pero cómo le hacía entender que sus labios no eran puros, sus labios estaban marcados territorialmente por el esperma de Dante y yo no quería entrar en ese territorio, digo, en un territorio donde el esperma de otro ha reinado y reina.-no tengo ganas ahora, eso es todo Adriana.
-no, tú quieres que enamore de ti, no lo vas a lograr así nene-su piel es tersa y delicada, ya será en otra ocasión me he dicho mentalmente. Me he parado para dirigirme al baño, me he echado agua en la cara, me he visto en el espejo y he retornado con la mente anonadada dirigiéndome donde la yegua, la he tomado de la mano. Con suma fragilidad se ha dejado llevar hasta la habitación de al lado donde hay otra cama, la he echado mientras sentía cómo la cabeza me reventaba, la he recostado a mi lado y al cerrar los ojos por un breve instante he caído pesadamente dormido mientras sentía cómo me abrazaba y besaba.
La mesa está servida.
Deben de ser cerca de las tres de la tarde y todos hemos dormido plácidamente. Gus está sentado en frente mío y al parecer el apetito propio de la resaca lo ha inspirado en la plática.
-los verdaderos poetas malditos, sí, los verdaderos poetas malditos, los que arrastran un sino terrible, los que han sido bendecidos por la crueldad del mundo y les ha permitido desarrollar su sensibilidad hasta escrutar todos los misterios,...¡ellos!, los malditos, los atrapados en el lúcido reino del genio de la locura y acaso sólo han sucumbido por el torrente incontenible de una razón inferior y mediocre a ellos. Inmerecidos tiempos los que nos toca vivir eh?, qué gano siendo un incomprendido, qué musa ahora me despierta de este letargo para envenenarme con un númen que no deseo sentir y que me impulsa a describir rutas donde hombre antes no puso pie nunca!, acaso debo de estar al margen de este todo llamado mundo para crear la patria prometida?, y dónde quedo yo como humano me repito, debo de remitir mi vivencia sólo a esto?, debo de negar como siempre lo hago cada vez que me enfrento a mis imposibles de mi condición que rechaza la iluminación y el esclarecimiento de este destino que me ciega y me ofende? ¡patrañas!, viles patrañas, no soy y punto, soy simplemente una copia, una repetición de lo que fue otro poeta en cualquier época, cualquier tiempo y oh, felonía! Insana alma que me asesina con recuerdos negros, dígame Dante, no es acaso el vino mi absolución?-
-el que mucho abarca poco aprieta, suelte por eso la damajuana poeta-Dante se había levantado más temprano que nosotros y había traído del mercado unos pejerreyes que
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crocantes comíamos con sumo deleite y placer. El sol espléndido se metía entre las ventanas y el aire fresco acompañaba nuestra mesa con el ritmo de melodías que no antes había escuchado y que Dante no quiso decirme de quién eran. La melodía de esa guitarra escuchada desde el stereo hablaba de momentos cruciales, inevitables como únicos,
entendimiento musical propio de la experiencia que se eterniza en el corazón a mérito de ser extraordinaria, poco común ,acaso una alegría no antes conocida, acaso una certeza en medio de un universo lleno de preguntas sin respuestas. Entonces supe que eran de él, no era necesario preguntarle ello.
-la sensibilidad es consecuencia de la pasión y toda pasión es consecuencia de algo truculento que cose dentro de uno con un solo fin: la gloria, no hay mayor verdad y mentira en este mundo que no haya funcionado tanto como éstas, todo gira en torno a lo trascendente y la caída más atroz es la de saber que la negación es el ocaso perfecto de los que no quieren estar en el llano de los que conocen el martirio de la inmortalidad-la yegua servía lo poco de vino que quedaba y no comentaba nada-porqué no hablas sobre esto Adriana-le pregunté. Ella contestó con una frase suya que nunca olvidaría:
-porque soy mujer-
-cómo? eso que tiene que ver.
-que no es natural que la mujer filosofe con el hombre, Uds. empezarían a hacer preguntas que sí sabríamos responder pero que no queremos responder-
Gus hizo un salud a Adriana y dijo:
-por eso la filosofía está inconclusa, por eso nuestro conocimiento está incompleto, la sabiduría del hombre es errónea porque la mujer calla lo que sabe...-
-¡basta basta!-dijo Dante- aquí no se trata de develar el misterio de la quinta esencia, se trata de hacer música, beber y comer. ¡ya, Yegua!, tú que lo sabes todo resígnate a tu inmortal condición por socapadora de nuestro fracaso filosófico, anda y trae ahora unas cervezas que tenemos sed!.-la yegua se levantó sonriente y dijo:
-ahora sí hablamos el mismo idioma-
-pero si es la misma Eva, esto se repite en todas las mujeres-dije mientras se sentía cómo el aceite crepitaba en la sartén haciendo crocantes los demás pejerreyes que devoraríamos con sumo placer cotidiano.
La yegua cogió la caja de cerveza ,salió, paró un taxi y se dirigió a la bodega que quedaba a dos cuadras para traernos cervezas bien heladas.
-No lo vuelvas a hacer-me dijo Dante.
-ya lo iba a admitir- le contesté.
-no ,nunca lo admitirán, allí está su misterio más sagrado-
-eso no es misterio para nadie Dante –dijo Gus.
-para quienes desconozcan entonces, para ellos, los solitarios, los onanistas, los que no tienen mujer, los condenados a no tener mujer...prefiero la patraña a la soledad Poeta.
Al momento Adriana estaba ya con las cervezas bien heladas puestas sobre la mesa que había sido ubicada en el mismo balcón desde donde tomamos el mejor sol del mejor día después de mucho tiempo. Ozzy Osbourne reventaba en los parlantes del amplificador. Calaba mi cigarro mientras que la yegua bailaba dueña de sus secretos sola, para nadie. El volumen era estridente y contundente. Cuánto tiempo me preguntaba le costó a Dante conquistar aquel barrio donde hacía lo que le venía en gana sin que nadie le pusiese un paralé
-entonces que calle!-dije enérgicamente.
-si siempre hemos hecho eso Poeta-dijo la yegua. Y fue así que entramos en otra discusión, tan absurda como nuestra obstinada pretensión de querer armar silogismos que sabíamos eran inservibles y disparatados pero que bien podían ser catalogados como literatura: ese
discurso nocivo que pende de incertidumbres que no hemos podido superar, franquear, conquistar, enfrentar...lo que sea!.
-y qué, vamos a hablar entonces de endecasílabos y alejandrinos?-les dije-por que si vamos a hablar de política vamos perder el tiempo.
-y qué tienes en contra del gobierno?-dijo Dante.
-tengo muchas cosas en contra de muchas personas y esas personas son parte de un gobierno en donde la identidad va de la mano con un equipo de fútbol de la misma forma en que pocos afortunados en éste mundo pueden jactarse de su historia.
-No. Ahoguémonos en lo insondable; hablemos del eterno, el sempiterno, a él le encanta siempre que hablen de él-
-pero si todo el tiempo todo el mundo lo hace-le dije
-quizás para eso nos creó-
-¡trío de neandertales! Acaso no se han percatado que están con una mujer?, cuando se bebe entre hombres se puede hablar de eso justamente de lo que quieren hablar, pero da el hecho que no están solos, hay una mujer aquí y soy yo!-
Dante se paró, apagó el stereo, se dirigió donde ella y le abofeteó tirándola contra el piso.
-ya, eso es lo que buscabas!, estás satisfecha?- la yegua sonrió maliciosamente y respondió:
-está en mi naturaleza, no lo entienden?-
-hazlo pues entonces carajo!-gritó Dante.
Y la yegua empezó a bailar para los tres. Sus movimientos se hicieron felinos mientras sorbía del vaso de cerveza. Entonces se me acercó y empezó a besarme. Dante se levantó y se dirigió a la sala para tocar en su guitarra de palo melodías furiosas y a la vez tristes mientras que Gus bebía solo.
La intensidad de sus labios arrebató todos mis impulsos cogiendo con fuerza sus duras nalgas, acariciando su cintura estrecha, palmeando con ganas sus piernas, abriendo la bragueta hasta sentir su sexo húmedo, sintiendo ella mi dura erección mientras tocaba con ansiedad mi miembro que ella reclamaba para sí. Entonces la tomé de los cabellos con desesperación, le bajé el pantalón, y allí la hice mía.
-¡no quiero hijos! Le grité después de haberla poseído.
-yo tampoco-me dijo.
Echados en el colchón los cuatro mirábamos el techo sin decir nada.
-quise conocer el mundo y lo hice-dijo la yegua.
-quise ser el mejor guitarrista del mundo y así nadie lo sepa lo soy-dijo Dante.
-quise ser el último de los poetas malditos y aquí me tienen, incomprendido por una sociedad que comprará mis libros después de que yo muera-dijo Gus.
-quise ser lo que soy-dije. Pero por alguna razón no nos sentíamos unos ganadores. Sentíamos el transcurrir de la vida como un severo castigo, había una sensación de hartazgo que precede a los encantamientos rotos, a la magia consumada que ya no encierra secretos. Me senté a escribir un poema. Más allá Gus estaba con Adriana bebiendo lo poco de cerveza que quedaba y Dante, parado desde su balcón pareciendo esperar a que apareciese la primer estrella, acaso quería pedir un deseo, no lo supe nunca. Sólo sabía que estábamos
ahora tranquilos sin la necesidad de hacernos cuestionamientos sin salida, con el único propósito de querer mantener esa quietud que parecía bendita y generosa.
Entonces repasé lo ocurrido la noche anterior, no hallé algo digno de ser recordado. Gus y la yegua reían pero acaso cada quien estaba en su propia dimensión, en su propio mundo. Dante entró al dormitorio y me dijo: deberías de publicar. No era la primera vez que alguien me dijera eso, lo había escuchado cientos de veces y el aplazamiento era motivado por poseer un discurso que no estaba culminado, pero ello no podía revelar ,cómo un escritor que se jacta de ser escritor puede escribir sin tener una ideología compacta, armada de pies y cabeza, cómo, era claro, no tenía aún las ideas bien definidas. Sin embargo me negaba siempre la deshonra de escribir con ideas de otros escritores, la búsqueda era ambiciosa, anhelaba la visión personal, el ángulo desde el cual pudiese ver el mundo de otra forma, es decir un estilo que refiriese mi personalidad y esta por cierto en su momento alcanzaría su desarrollo.







