You are hereAtlas de la cultura comunitaria del Estado Falcón Venezuela
Atlas de la cultura comunitaria del Estado Falcón Venezuela
ATLAS ETNOGRAFICO DE LA CULTURA COMUNITARA DEL ESTADO FALCÓN-VENEZUELA
COMUNIDADES.
Lic. José Millet*.
Nuestro Atlas Etnográfico es el atlas del venezolano de hoy, con su historia, vida cotidiana, valores, costumbres, personajes, quehacer característico y creaciones culturales—colectivas e individuales—en las circunstancias que lo rodean y en medio de este escenario, rico y diverso desde todo punto de vista que se le mire, que es la región falconiana. Por tanto, necesitamos colocar en el primero de los planos su biotipo—tarea ésta que estamos conscientes es muy difícil de plasmar. Pero, sobre todo, nos hemos esforzado por ofrecer una “postal” de su vida en la comunidad concreta donde nació, ha crecido o vive, en unión de su familia y de sus vecinos. Es decir: nuestro atlas se ha impuesto ser el Atlas de la cultura comunitaria venezolana, en especial de la rural, debilitada por la bárbara guerra de desgaste del capitalismo salvaje; de esa realidad, tal como la percibimos y apreciamos en su proceso de transformación, a consecuencia del impulso que le ha inyectado el Presidente de la República, Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, en su marcha hacia el Poder Popular, que descansa en el empoderamiento de las comunidades de base de todo tipo de recursos: medioambientales, naturales, energéticos y económicos. Damos, pues, aquí, a modo de adelanto, una pauta de la vida y del quehacer cultural del ser falconiano en ese horizonte elemental, y humano, de su existencia, plena y libre, que es la sociedad solidaria por la que apostamos y luchamos en el fragor de esta revolución bolivariana, “a lo venezolano”, con la que estamos comprometidos..
Entiéndase esta sección de nuestra obra como el reflejo—dado en bocetos etnográficos—de lo que hemos podido registrar en nuestra libreta de apuntes en nuestras investigaciones de campo y visitas, muchas veces hechas en equipo, durante los más de dos años que llevamos observando y estudiando la región falconiana, su gente y sus valores patrimoniales, materiales e intangibles.
Por último un llamado o aviso: el presente espacio, colocado en Internet o impreso, proponemos sea aceptado como una invitación a los miembros de las comunidades, a sus líderes natos y dirigentes, a contribuir mediante escritos y aportes de documentos, fotográficos y audiovisuales, que nos permitan ampliar nuestro registro hasta abarcar los 25 municipios del Estado. Así seguirían el ejemplo de los tureros de San Pedro de Mapararí, municipio Federación, quienes nos entregaron un manuscrito que publicamos en esta sección y el primer de los fascículos impresos de nuestro Atlas.
José Millet
Coro, junio 30.2008.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1.2.1. COMUNIDADES, historias e identidad
MUNICIPIO FEDERACIÓN.-
Comunidad San Pedro de Mapararí: Las Turas.
La siguiente reseña tiene un valor excepcional a los efectos de la filosofía de nuestra obra: fue escrita por los humildes miembros de la comunidad turera San Pedro, ubicada en la parroquia Mapararí del Municipio Unión. La hicieron con la más absoluta libertad que le otorga vivir en un territorio que consideran ayamán, de lo cual se enorgullecen, a pesar de que podemos apuntar que las tierras que labran, siembran y cosechan no les pertenece en lo que a propiedad privada se refiere. Por nuestra parte, tenemos la dicha de ver realizado, en parte, ese sueño de que el pueblo se esfuerce en reconstruir su propia historia y es eso mismo lo que estos trabajadores del campo han hecho para que el resultado de su voluntad sea incluida en el Atlas Etnográfico del Estado Falcón que lleva adelante nuestro Centro de Investigaciones Socioculturales del Instituto de Cultura del Estado Falcón, Venezuela. La publicamos textualmente, sin apenas hacerle ninguna corrección o cambio.
Lic. José Millet
Coro, 09.05.2008
----------------------------------------------------------------------------------------------
SAN PEDRO DE MAPARARÍ CUENTA SU HISTORIA
Por los autores, tureros de esta comunidad
RESEÑA HISTÓRICA DEL PRIMER EVENTO DE LA FRATERNIDAD TURERA EN SAN PEDRO DE MAPARARÍ.
En el 1.992 surge una idea del profesor José Chirinos de hacer un encuentro de tureros en nuestra comunidad turera. Este primer encuentro se inició el 28, 29 y 30 días de San Pedro y San Pablo, donde asistieron tureros de El Tigre, El Jusal, La Duquesa, San Tacnus, el Río Mapararí.
En este evento se integraron para que se realizara José Chirinos, como Principal, Carmen Olivet, Samuel Bermúdez, Roselina Leal, Ender Rodríguez y esposa Flora Robertis, Simón Castillo, Ángel Colina y Tarcisio Gauna.
De este evento salió la donación del patio cedido por Servando Cordero, ganadero, dueño de la hacienda La Garza. Desde allí hasta la actualidad nos hemos independizado, y de allí arranca la base fundamental de La Casa de los tureros; esta casa lleva el nombre de Casa de las Turas “José Cecilio Salas”. También salen de este encuentro los beneficios que los tureros no tenían, por ejemplo, la ayuda para los viejitos tureros, construcción de la casa de los tureros, mejoras del patio de turas, y otros.
RESEÑA HISTÓRICA DE LA DANZANTE MAYOR Y SUS CAPATACES
Audelina Castillo de Garcés, hija de José Cecilio Salas, su mamá María dionisia Castillo. Con una edad de 90 años. Se destacó como danzante en las turas desde muy niña. A los 12 años andaba en los patios de tura con su mamá. Audelina fue y es danzante mayor por ser la hija mayor de Cecilio Salas. Al frente de las turas tiene un aproximado de 78 años como danzante, animadora y ser capataz.
RESEÑA HISTÓRICA DE ELICIA DEL ROSARIO CASTILLO
Elicia, hija de José Cecilio Salas, su mamá María dionisia Castillo. Elicia tiene 68 años, empezó a andar en los patios de turas a los 10 años, tiene 58 años al frente de las turas.
Como danzante en su historia cuenta que cuando la virgen María andaba huyendo de los fariseos que mataban a los niños, una vez los encontró y ella vio que estaban tocando las turas; y para esconderse de ellos se metió en medio de los tureros, llegaron los fariseos y dijeron: “vámonos, estos son unos locos”. No la vieron y la virgen bendijo en ese momento las turas.
VERSIÓN DE ELICIA CASTILLO
HISTORIA Y RESEÑA DE PAULA GARCÉS
Paula, hija de José Cecilio Salas, su mamá Pastora Garcés. Tiene una edad aproximada de 72 años. En las turas empieza a los 10 años y tiene danzando al frente de las turas 62 años.
Paula nos cuenta que en todos los patios de turas se mantenía una cadena de plantas medicinales, animales, guindados en el palacio: un cachicamo, el primer animal de las turas, aguardiente o guarapo, fuente de caña, chicha, fuente de carne de venado, marrano é monte , mazamorra y muchos jugos. El respeto sobre todo, la orden era del capataz y el mayordomo.
VERSIÓN DE PAULA GARCÉS
RESEÑA HISTÓRICA DE ANGEL COLINA
En Las Turas
Yo, Angel C. Colina Castillo, nací un 16 de junio del año 1959. Fui promovido en las turas en una edad comprendida a los 9 años de edad, bautizado en el año 73 en el patio de El Jagüey en los del Capataz mayor José Cecilio Salas, como Tureros Mayores Rodolfo Garcés, Hipólito Caciano Castillo. De allá hasta la actualidad me he venido destacando en las turas como tocador de todos los instrumentos de las turas, como fundador del primer grupo de tureritos, entre ellos está ahorita el turero José Castillo, Juvenal Castillo, Gregorio Hernández, Alexio Mora, Jesús Mora, Erico Marrufo, entre otros; Instructor de la Resistencia Indígena Ayamán, fundador de la Fundación José Cecilio Salas.
SAN PEDRO, 06 04 08.
PEQUEÑA RESEÑA HISTÓRICA NARRADA POR TARCISIO A. GAUNA
Tarcisio A. Gauna, 58 años de edad, natural y residenciado en este caserío. Duro caserío, fue habitado por primera vez por los señores Cecilio Salas y José Salas, siendo éste último el primero en llegar a asentarse en un fundo que le puso San Lorenzo; historia que conozco por versión del señor Cecilio Salas en el año 1976, ya fallecido.
También me contó sobre las turas y me dijo que estando muy pequeño se hizo turero en el patio de Monche Morles y Sixto Morillo, ubicado en un sector de nombre El Zulia. Hizo un patio en el nacimiento, al cual le puso el nombre de San Pedrito, del cual era devoto. Habiendo sido bautizado como Capataz de Las Turas por Sixto y Monche en los años 90 de 1800.
Belarmino Vásquez lo invita para que lo toque unos sones de tura en Mapararí, para pagar una promesa a la Virgen de Las Mercedes, quedando de acuerdo en tocarle todos los 24 de Septiembre.
Una vez fallecido toma el mando como Capataz él, su hijo Rodolfo Garcés como Sub-capataz Casiano Castillo los cuales se mantienen.
Las Turas es un ritual que se toca para rendir tributo a los espíritus benditos para que llueva y se den las cosechas, y promesas a petición de quien se haya comprometido. Se hacían juegos dentro del baile, la gallina, el zorro, el venado, matrimonios, el perro, el cazador, y otros.
Del 21 al 29 de Mayo se celebra al Día de Santa Rita, se le toca Las Turas. Dicha virgen la trajo Juana Carrasco, proveniente de La Peñita.
La primera formación de niños tureritos fue por el señor Ángel Colina. Hizo un grupo con los ñiños José Gregorio, Danny Antequera, Darwin Gauna, José Garcés, Pedro Antequera, Miguel Leal y otros, como Reina Audelina Garcés, de formación se mantiene .
Las Reinas de Las Turas: la primera Pragedes Chirinos (Siglo XVIII), la segunda Ingracia de Yugurí (Siglo XIX), la tercera y hasta el presente Graciela Antequera.
RESEÑA HISTÓRICA DE LAS TURAS.
Una de las vivencias donde se observa de manera concreta nuestra cultura prehispánica es el ritual aborigen o Danza de Las Turas (Danza del Maíz y de Vida), de carácter folclórico en homenaje a los dioses de la cosecha y en honor al santo San Pedro, celebrado dos días, 29 y 30 de Junio de cada año en la comunidad de San Pedro, Parroquia Mapararí, Municipio Autónomo Federación.
Con la flauta de carrizo inventada por los indios Ayamanes y mantenida hasta la actualidad, con ellas imitamos el canto de los pájaros, con los cachos de venado cubiertos con cera negra de vallude o de arigua; representa el sonido de los vientos y los truenos. Los trocones o tapara con semillas de capacho y maracas; representan las lluvias. Al juntar símbolos las turas originan el sonido de los espíritus de la naturaleza para darles gracias y bendiciones a los pueblos indígenas ayamanes.
RESEÑA HISTÓRICA DE LA FUNDACIÓN JOSÉ CECILIO SALAS
La Fundación fue fundada en 1.997, y se registró en el año 2004 bajo el Nro. 37, folios 186 al 189. Esta fundación lleva el nombre de José Cecilio Salas. Este protagonista fue el descendiente, el primer Capataz en la década de los años 30 hasta el año 1976.
José Cecilio Salas fue el fundador de San Pedro, fue quien por primera vez llegó a estas montañas vírgenes, acompañado de un tío de nombre Maximiliano Salas, trayendo con él la estampa del Santo San Pedro y sus instrumentos de las turas. El nombre de San Pedro fue por el santo, regalo que le hizo el padre Rivero en Churuguara.
RESEÑA HISTÓRICA DE LOS FUNDADORES DE LA FUNDACIÓN JOSÉ CECILIO SALAS
En el año 97, yo, Ángel Colina me propuse fundar esta fundación dándole el nombre de José Cecilio Salas, por ser el fundador padre de todos los tureros, abuelo de los descendientes.
El propósito de esta fundación fue para defendernos un poco de los manipulistas y así defenderlos un poco, reclamando nuestros derechos, ya que nuestras costumbres y tradiciones ayamanes hemos mantenido 500 y tantos años atrás, sin desmayar.
En la fundación y al frente están Ángel Colina Castillo, como Coordinador General (7.498.174), José de los Santos Castillo, como Coordinador de Eventos (13.269.051), Flora Robertis como Secretaria de Finanzas (3.097.667), Paulita Chirinos, como Coordinadora de Proyectos (18.480.025), José Luis Garcés, como Secretario (18.605.103) y Yolanda Antequera, como Asesor (14.733.141).
RESEÑA HISTÓRICA DEL CAPATAZ RODOLFO GARCÉS
En el año 77 tomó el mando como Capataz el señor Rodolfo Garcés. Tiene un tiempo limitado en Las Turas, de una edad comprendida de 73 años al frente de esta tradición indígena. Cuenta con 86 años de edad, como capataz o al frente de los tureros tiene 32 años. Rodolfo Garcés como capataz se encarga del respeto en el patio de las ceremonias y sahumerio de hojas de la montaña, llevar las plantas medicinales, llevar las reliquias en el patio, entre otros.
RODOLFO GARCÉS
RESEÑA DE HIPÓLITO CASIANO CASTILLO
Hipólito Casiano Castillo lleva en las turas un tiempo al frente de esta tradición, desde muy niño. Cuenta que ellos hacían turitas de tártago o de hojas de lechosa. Esa fue su inspiración en las turas y fueron amaestrados por los piaches de Monche Morles.
Castillo cuenta ahorita con 80 años. Tiene en las turas como turero Mayor y Chamán 71 años. Su comienzo fue aproximadamente a los 9 o 10 años. Es hijo de José Cecilio Salas y María Narcisa Castillo.
Otra forma de contar su historia turera...
Por José Millet
Las entrevistas que le hiciéramos, a partir del año 2006, a Ángel Colina y José Castillo, dos de los directivos principales de Las Turas, perteneciente a la comunidad San Pedro de Mapararí, nos han proporcionado una valiosa información que transcribimos a continuación, acompañada de algunos comentarios.
El 5 de enero de 2004, se legaliza** la Fundación que lleva el nombre de José Cecilio Salas, fallecido en 1977, y considerado uno de los capataces que mantuvo durante largo tiempo esta tradición indígena, que ellos asocian a las comunidades étnicas de origen ayamán. Esta es la relación de sus miembros fundadores, aportado en la entrevista y que ha sido avalada por varios miembros de la propia comunidad durante algunas de nuestras numerosas visitas.
Cuando les preguntamos quiénes fueron los primeros capataces, nombraron al mencionado Cecilio Salas, fallecido en 1977 y a Rodolfo Garcés, su actual capataz, e identificaron como sus reinas más antiguas a Engracia de Yugurí, fallecida a los 78 años, y a Marcelina Antequera, quien aún ejerce ésta función.
En cuanto a la “composición organológica” o conjunto de instrumentos musicales empleados, resulta de mucho interés la relación de los instrumentos que identifican como los propios de Las Turas, a los que se asocian los siguientes nombres de quienes los ejecutan:
-Flauta Tura Macho: Hipólito Casiano Castillo
-Flauta tura Hembra: Rodolfo Garcés
-Cacho Mayor: Rafael Molleda
-Cacho Menor: Martín Garcés
-Cacho Mediano: Ángel Colina
-Cacho Pequeño: Simón Castillo, Enrique Castillo
-Maracas: José Castillo, Yovanny Colina
Las turas es vista por el común del venezolano como un “baile”, en tanto se producen numerosos movimientos coreográficos realizados al compás característico de los instrumentos musicales que acompañan a estas celebraciones. A continuación figuran los nombres de los danzantes de esta comunidad: Laudelina Castillo de Garcés, Elicia Castillo, Paula Garcés, Lourdes Antequera, Flora Robertiz, Carla Antequera, Morelis Antequera, Emérita Colina, Elita Mora, Dominga Garcés y Adelaida Mora.
* La “Fundación Cultural José Cecilio Salas” tuvo como fundadores a los siguientes tureros: Ángel Custodio Colina , José de Los Santos Castillo, Nelson Antonio Matute, Carlita coromoto Antequera, Lisandro Rafael Antequera, Eddie Santo Páez, Rafael Ramón Rivero, Rafael Simón Chirino, María Lourdes Antequera, Marcelina del Carmen Antequera, Marelis del Carmen Antequera, Rafael José Molleda, Cecilio Antonio Castillo, Alida María Chirino, Martín Ramón Garcés, Salvador Vásquez, Dominga Ramona Garcés, Aureliana del Carmen Hernández, Carmen Lucía Acosta, Emérita Colina de Martínez, Adelaida del Carmen Mora, Elita Ramona Mora, Gloria Josefina Rivero, Clan Antonio Rivero, Paulita Chirino, Flora Robertiz, José Luis Garcés, Yolanda Antequera..
Calendario de las celebraciones tureras.-
Al año, los líderes de esta comunidad pautan dos fechas para la realización de Las Turas: la primera, el 30 de junio, por motivo de la celebración católica de San Pedro y ocasión en que precisamente esta comunidad se ha esforzado por hacerse de un espacio de encuentro entre las numerososas comunidades de los Estados Falcón, Lara y Portuguesa, donde se ha mantenido viva esta raíz aborigen venezolana. A este espacio lo denominan Día de la Fraternidad turera, por cuanto se caracteriza como un compartir entre hermanos ideas y experiencias dirigidas al fortalecimiento de estas tradiciones. La segunda, el 24 de septiembre, la realizan último por coincidir con “fiesta patronal de Mapararí”. Nos llamó la atención que agreguen una tercera fecha, el 07 de Abril, como “Día del aborigen Ayamán”. A pesar de que nadie en ésta comunidad resulta significativo la voluntad de un por ciento elevado de sus miembros de reivindicar su raíz ancestral, definiendo claramente de que comunidad étnica provienen los grupos étnicos ayamanes.
MUNICIPIO MIRANDA
El barrio afrocaribeño La Guinea, de Coro.
Por: José Millet
El nombre Guinea nos remite casi automáticamente a África, en tanto nos hace recordar que para los haitianos esta palabra es el símbolo de la tierra desde donde sus antepasados fueron extraídos por la violencia y donde se conserva el reservorio del imaginario colectivo común rectorado por los ancestros. Así lo testimonian, por ejemplo, los cantos que se ejecutan en las ceremonias del sistema religioso creado en Haití conocido por el vocablo vodú y que se han mantenido con plena vigencia en esa porción de la vecina isla caribeña. Pienso que esta referencia no es casual, sino todo lo contrario: ella explica la existencia de tradiciones culturales que nos remiten a la región caribeña y, por su conducto, aquella Patria Mítica que hace latir el corazón de sus hijos donde quiera que se encuentren.
Esta comunidad objeto del presente estudio está situada en uno de los barrios marginales de la ciudad de Coro. Negros y mulatos integran fundamentalmente su población, que se conformó en el progresivo proceso de migración del campo a la ciudad, en este caso procedente de la Sierra Coriana ya mencionada. Se trata de una mayoría de gente humilde, donde abundan fundamentalmente casas de vivienda de paredes de barro, y techos de torta en la que se incluye la paja, construidas según las técnicas procedentes del territorio montañoso y otras que surgieron en Coro como adaptación a la topografía urbana y a otras necesidades.
Con uno de los líderes del barrio, el señor Mario Aular, hicimos un recorrido inicial para demostrar que este asentamiento se levantó siguiendo la lógica de los desplazamientos poblacionales que conformaron la mencionada ruta de la Sierra al llano, adonde la población negra y mulata se trasladó con mayor celeridad y cantidad, luego de abolida la esclavitud, en búsqueda de fuentes de trabajo y de mejorías materiales, según patrones que han sido estudiados por investigadores referidos a otros países y regiones del continente. Aular encabeza una reivindicación pública para que le sea reconocida la identidad del barrio, cuyo nombre de La Guinea fue borrado hace anos de los catastros oficiales no se sabe a ciencia cierta persiguiendo qué intereses. Ese nombre, en consecuencia, debe ser restablecido porque, entre otras razones, aparece en documentos que se remontan de la segunda mitad del siglo XVIII.
Documentos consultados* en relación con la insurrección de Chirino nos permiten estar en condiciones de demostrar fehacientemente la sólida vinculación de esta comunidad con tales acontecimientos y con la población serrana involucrada en los mismos. Puede demostrase a partir de ellos, que entre ambas comunidades existía un real compromiso de lucha antiesclavista y de liberación social, asentada en ese vínculo profundo de lo humano y de sus creaciones espirituales. A pesar del evidente nivel de pobreza en lo referido a las condiciones materiales de vida o existencia, se observa un esfuerzo especial por mantener en alto el orgullo de la pertenencia a una sociedad portadora de sólidos vínculos entre sus miembros y de tradiciones culturales tan fuertes, como la del tambor coriano, verdadero complejo músico-danzario que puede ser tomado o considerado como el símbolo de la falconía.
_____________________________________________________________
*Nos referimos particularmente al volumen Documentos de la insurrección de José Leonardo Chirinos (Caracas, 1994). Reseñados por la investigadora Josefina Jordán, quien da fe de la pérdida del expediente seguido a José Leonardo en el juicio que le siguió con motivo de tal hecho histórico.
Resulta de mucho interés el hecho de que se conservan las estrechas relaciones de los vecinos del barrio con sus familiares, compadres y amigos de la sierra; y lo es también el que se hayan esforzado y aplicado por recrear estas relaciones y que este acto resulte de alto valor de adaptación al medio especifico en que se vive. Fruto de este afán enriquecedor, se han derivado el sostenimiento de tradiciones propias de la sierra, como el culto al Divino Niño Jesús y también el que hayan surgido otras tradiciones, como la que acabamos de mencionar referida a la música y a la danza.
Población por grupos de edades del Barrio La Guinea:
Total %
Niños 0- 11 años 362 21**
Adolescentes 12-17 años 175 10**
Jóvenes (18-29 años) 386 23
Adultos jóvenes 30-44 años 365 22*
Adultos 45-64 años 246 15*
Adultos 65 o más 158 9
Del análisis de estos datos pueden enunciarse las siguientes observaciones:
* Nótese una diferencia porcentual mayor en La Guinea en las edades de madurez en la esfera laboral.
** Nótese una diferencia inversa en estas edades de niñez y adolescencia.
Curazaito Límites con La Guinea-
La señora Ana Lucía Pirona, de quien haremos una presentación formal más adelante, protesta con inusual energía por la terrible confusión que hay entre los vecinos de La Guinea respecto a la delimitación de ese barrio donde nació y siempre ha vivido hasta el presente. Según ella, existen tantos criterios acerca de este punto tan controversial que manifiesta que comprometen en varios órdenes de la vida, hasta el extremo de que “una queda como mentirosa”, como consecuencia de tantas contradicciones que hay en torno al área que abarcaba el barrio. Considera que La Guinea se extendía hasta la calle Progreso. Hasta el Callejón Faría llegaba lo que hoy se nombra Las Panelas.
La Guinea era un barrio con muchas familias. En algunas calles había casas con corrales de chivos. También había huertas; la de Pablo Curiel daba con una calle cuyo nombre no hemos podido determinar.
En el barrio había muchos cujisales; las casas eran muy cómodas, escasas, pocas. Para hacer las casas de vivienda se cortaban los cujíes… las propias gentes eran constructores o albañiles. Su padre fue quien construyó la casa donde Ana Lucía vive actualmente. Algunas casas tienen más de 100 años. De la calle Silva hacia allá había pozos. En un sitio de la calle Democracia, después de la calle El Sol, llamaban a una fuente de agua Pozo escondido; era muy profundo, de donde cargaban el agua en unos potecitos amarrados con alambres.
En tiempos de la Señora Ana Lucía Pirona existía Curazaito que, según ella, era independiente de La Guinea.
El Chino Solís asegura que La Guinea “empezaba aquí, en la calle Colombia y se extendía hasta Curimagua” y que, anteriormente, Curazaito se extendía, de Norte a Sur, desde la calle Monzón hasta la acera de la Avenida El Tenis y actualmente lo hace por la calle Colón hasta la calle El Sol y El Tenis; la Quebrada de Coro con las Avenida Sucre hasta la calle El Sol. Queda claramente establecido que, para él, el barrio se extendía desde la plaza San Antonio hasta donde está su domicilio. Su esposa, Minerva Lugo, nos refiere que La Guinea tiene como límite la calle Nueva.
En cambio, lo que actualmente se denomina barrio Las Panelas se extiende desde la calle Nueva, esquina a la de Federación, hasta la Quebrada; y desde la calle Brión hasta La Quebrada. Existen varias versiones en torno al origen del nombre de este último barrio, pero una de las más aceptadas es la que proviene del habla común de la gente: las casas que encontraron los curazoleños que llegaron a establecerse allí estaban construidas con un material constructivo denominado panela. El señor Lauro Quintero, vecino de la calle Brión entre Millar y Providencia, refirió que en el sector “las casas eran puras mediagüitas”, parecían en la forma a “una panela de caña de azúcar y la gente le puso el nombre de Las Panelas”
Tipo de casa panela, a la cual se refiere el Señor Lauro Quintero.
Explicación necesaria
Luego de permanecer durante cuatro meses en Cuba, en el mes de noviembre del año 2005, retomé el trabajo de investigación empezado en el mes de marzo anterior amparado en el convenio firmado por el Instituto de Cultura del Estado Falcón (INCUDEF) con la Casa del Caribe, institución cultural que posee la categoría de Centro de Investigaciones otorgada por el Ministerio de Ciencias, Medio Ambiente y Tecnología de la República de Cuba y de probado reconocimiento mundial, de la cual he sido uno de sus fundadores y de sus trabajadores más entusiastas durante casi un cuarto de siglo. El Presidente de INCUDEF, el poeta Simón Petit, le dio curso a la propuesta de integrar un equipo de estudio con tres o cuatro de los promotores culturales, afortunadamente gente por lo general lectora y estudiosa, más que todo dispuesta a eliminar el absurdo concepto que hasta aquí se ha manejado y mantenido del promotor cultural, alejado del estudio y distante a años luz del trabajo científico aplicado a la cultura. Establezco aquí sus nombres a modo de reconocimiento: el bachiller Pedro Eduardo Concepción, el técnico superior universitario (TSU) en Turismo Enzio Provenzano, la técnica medio en trabajo social Zulay Castejón y, a quienes se agregó el bachiller Oscar Lázaro. Tres de ellos actualmente iniciaron estudios universitarios, por lo que nuestro trabajo deberá reforzar el espíritu de estudio, formación y de superación que estamos fomentando fuertemente entre cada uno y todos los miembros de nuestro Instituto.
En el curso del presente estudio, se ha incorporó a nuestro equipo el estudiante de Turismo Orlando Moreno, joven yaracuyano que, con gran sacrificio personal, ha venido a hacer su pasantía en Coro, bajo nuestra tutoría, y que promete ser un profesional altamente preocupado por el aprendizaje constante y su aplicación a nuestra realidad social con inteligente sentido de las urgencias, que obligan a la inmediatez y mucho más a la eficiencia. Finalmente, luego de un año de haberse elaborado, se acaba de firmar un Convenio con la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM) en el que se ha enfatizado el apoyo que deberemos recibir para construir y luego consolidar un Centro de Estudios Socioculturales de INCUDEF, para el cual, por ejemplo, será importante la ubicación de algunos estudiantes universitarios precisamente en condición de pasantes, quienes introducirán cambios importantes en la mentalidad y en el estilo de trabajo de los actuales empleados de INCUDEF, educados a una práctica lamentablemente divorciada del estudio y la investigación, que ahora empieza a ser modificada y que a la larga se convertirá en parte fundamental de su razón de razón de ser.
Luego, les asigné a los miembros de mi equipo la tarea de iniciar un levantamiento de información que nos permitiera determinar las fuentes documentales de que disponíamos en Coro para acercarnos a nuestro objeto de estudio. Establecimos contacto con el núcleo directivo y hablamos con algunos de los trabajadores del Archivo de Historia de la Alcaldía del Municipio Miranda, quienes me impresionaron positivamente por el alto nivel de responsabilidad y trato afable, más cuando comprobé la meritoria labor de restauración, preservación y ordenamiento de la valiosa documentación que se atesora allí. De igual manera, visitamos la Biblioteca “José David Curiel”, con excelentes fondos aun sin colocar en fichas ni en catálogos para hacerlos asequibles al público y donde permanece una hemeroteca en cajas, a la espera de un espacio donde colocarse y asimismo ponerse al servicio de la comunidad coriana. Finalmente, nos adentramos en la Fundación Biblioteca “Oscar Beaujón Graterol”, verdadero complejo donde se combinan armoniosamente las fuentes bibliográficas, hemerográficas y de documentos originales autógrafos de excepcional valor. Esta institución es un modelo de lo que debe ser hoy la biblioteca y ofrece servicios especializados, incluidas las consultas a través de Internet. Realmente Coro, y Falcón, debe enorgullecerse de contar con una institución tan profesionalmente organizada y atendida, que se ocupa por lo demás del rescate de la memoria colectiva a través de grabaciones magnetofónicas y en formato de video de los exponentes y cultores populares más representativos de la localidad.
La revisión hemerográfica hecha en la Biblioteca Oscar Beaujón realizada por Pedro Eduardo Concepción arrojó un dato de interés: en el periódico diario local La Mañana, desde el mes de diciembre del año 1955 hasta marzo del año 1987, el barrio La Guinea no aparece mencionado nunca y sólo se alude al “tambor coriano” en ocasión del tradicional día del repique—es decir, del día 30 de noviembre de cada año en que se anuncia el advenimiento de la Navidad—, sin colocar el nombre del conjunto ni de sus dueños o cultores populares. Esto nos demuestra claramente el tratamiento tan distante y poco estimulante dado a una de las expresiones más emblemáticas de la cultura local y regional.
El 20 de febrero pasado, luego de varias reuniones concebidas como mesas técnicas, se inició el programa del Instituto denominado Tomas Culturales, consistente en un contacto lo más amplio y profundo posible con cada uno de los veinticinco municipios que conforman el Estado Falcón para instalar en ellos la imagen corporativa nueva que hemos estado construyendo en INCUDEF. Se trata de un acercamiento de nuestro centro laboral a las comunidades más emblemáticas desde el punto de vista de la riqueza o el arraigo de las tradiciones culturales del pueblo de cada sitio, las cuales deberán exponerse, en su nicho original, con la participación fundamental de los vecinos en su condición de organizadores y de los cultores populares, grupos artísticos y personalidades más representativas de cada una de ellas. Tuvimos el honor de que se aceptara que el arranque tuviese como comunidad emblemática la de La Guinea, la cual en un tiempo record supo hacer valer y demostrar su capacidad organizativa anclada en el pasado y todavía muy vivificante en eventos tan importantes como las celebraciones del San Benito, San Antonio y del propio tambor coriano. Tenemos el firme propósito de estimular el que las propias comunidades se interrelacionen, de modo que se establezca entre ellas una fraternal emulación por reafirmar y destacar los valores más auténticos de los que ellas son acarreadoras. Se estaría tributando así un granito de arena en el serio problema comunicacional existente en el país, que también afecta a la relación entre estos sujetos colectivos y las individuales artísticas que surgen y viven en ellas.
Como uno de los resultados más dignos de destacar en esta toma cultural, se encuentra el que los vecinos del barrio La Guinea han reavivado sus energías dirigidas a conseguir que le sea restituido el nombre originario a su comunidad; asimismo, se han avanzado conversaciones directas con el Alcalde del Municipio Miranda para que esta petición no sólo se lleve a la práctica el próximo día 10 de mayo, sino que también el barrio sea declarado patrimonio histórico y cultural del Municipio. Adicionalmente, se está discutiendo lo concerniente a la solicitud de que el barrio tenga su propia Casa de la Cultura o Museo, donde descanse parte de la documentación e información relacionada con su historia, gentes emblemáticas y su vida cultural.
Pero, a estas alturas del relato, creo conveniente retomarlo donde lo dejamos cuando informábamos cómo se inició esta investigación de una pequeña comunidad coriana. En efecto, en marzo del año 2005 iniciamos los contactos con algunas personas que ayudarían decisivamente a enrumbar nuestros pasos hacia el ámbito coriano, que para mí es espacio físico, geografía humana, historia, pertenencia, bravura, orgullo, cariño (¿otra palabra mejor fue ingeniada en nuestra lengua castellano-americana para referirse a un sentimiento o afecto hacia alguien que la que inventó el coriano con la de querendón?) y, en suma, identidad, concepto que, para los efectos de una visión del mundo anclada en una posición política definida, equivale para mí a la posesión y disfrute de una igualdad social plena y verdadera. En síntesis: mis estudios del hombre y su espiritualidad se tornaron hacia Coro, su gente y su corianidad.
Recordemos cómo surgió el presente proyecto de estudio de caso: inicialmente, en conversaciones con la historiadora, la licenciada Nereida Ferrer y con la poetisa Celsa Acosta, emergió a propósito el nombre de un barrio objeto de una discusión ilustrada y política a consecuencia de la reclamación de algunos de sus vecinos. La Guinea—que es el nombre del barrio en cuestión—resuena a cacería humana en tierras africanas; a puerto de embarque de mercancías también de esa misma especie; a espacio mítico en que vamos e encontrarnos con nuestros ancestros; en suma: a cadena esclavista, comercio de carne humana y también a resistencias; a amos y a esclavos…a rebeldías y redención. La ruta estaba expedita para que nos embarcásemos en esta aventura siempre reconfortante que nos ofrece la historia, no tanto la ya escrita como la que está por escribir.
Fue así cómo, a través de tan entrañables intelectuales amigos, establecí una relación con un señor que lideraba el reclamo de la comunidad y que se había convertido en un tenaz escudriñador de archivos y documentos indispensables para probar la existencia del nombre La Guinea que le había sido suprimido a dicho barrio. Mediante conversaciones sostenidas desde entonces con él, fui acopiando valiosa información y conocimientos que me han permitido un acercamiento mejor a lo que luego se convirtió en objeto de estudio. Así, pude estar al tanto de que La Guinea había sido uno de los primeros y más emblemáticos asentamientos humanos de Coro, poseedora ella por añadidura de una de las mayores capacidades y voluntad de organización civil a nivel de las comunidades de base que se conoce en esta localidad, signada por un sentido del tiempo y de la dinámica social a los que es difícil de adaptarse si no se le comprende o estudia concienzudamente.
Siguiendo el curso del relato de este reclamo, me encontré en un situación parecida a la experimentada años atrás con los productores artesanales del cocuy del simbólico poblado rural de Pecaya: alguna parte de la injusticia ejercida por los opresores a lo largo de la historia de este rico y bello país en contra de los pobres habría de revelarse y, sin duda, en esta nueva circunstancia de la Venezuela bolivariana, habría de enmendarse. Y henos aquí, tratando de reconstruir parte de una trama que ya nunca podrá serlo ni en su totalidad ni en su completa veracidad, porque parte del material documental que podría servir para conectar la historia con la cultura fue destruido, se perdió o no se encuentra disponible. Me refiero a la parte de la declaración, tomada por escrito por las autoridades españolas, hecha por José Leonardo Chirino cuando fue juzgado por la insurrección que lideró en el mes de mayo de 1795, que estuvo y está vinculada raigalmente con la historia mítica y real del barrio, aunque sus vecinos no tengan idea de la cuestión.
Cuando digo que asumo la voz de uno de los vecinos estoy cometiendo un grave error. Es que ese vecino resume en cierta medida la historia y el reclamo del barrio en su conjunto. Basta que una voz, una sola voz, se alce, para reclamar o reparar una injusticia para que esa señal adquiera la dimensión de un sujeto supraindividual, siempre que ese reclamo posea un carácter de reivindicación del colectivo. Siguiendo la trayectoria lógica del relato, tal vez nos consigamos con las evidencias que nos permitan comprobar esta aseveración.
Ya para el año de 1979 fue creada en el barrio la Asociación de Vecinos, con una nueva junta directiva electa en diciembre pasado y convertida en el soporte más fuerte para viabilizar el reclamo que acabamos de mencionar, el cual se hizo público mediante una solicitud escrita dirigida al Alcalde del Municipio Miranda, el ingeniero Rafael Pineda, quien envió entonces una comisión que se reunió con varios líderes del barrio en el mes de abril del año 2004 y, en el momento en que redacto este folleto, ha reiterado su absoluta disposición de proveerle de íntegra solución al asunto, cuyo fondo histórico, político y social cualquier persona inteligente e instruida reconoce como portador de justa razón. En el mapa de la ciudad de Coro que hemos conseguido de la oficina de Empadronamiento de la Alcaldía Miranda no aparece el barrio La Guinea, sino el de Las Panelas y, adicionalmente, para acabar de complicar el fatídico inconveniente, una simple ojeada a las dos últimas guías turísticas del Estado Falcón nos lleva a darle fundamento documental adicional al reclamo: en ellas, en el plano de Coro, no sólo no aparece ninguna referencia al barrio más antiguo y emblemático de la ciudad, sino que se rotula una minúscula porción del espacio citadino---comprendida, según Aular, entre las calles Zamora y Colón—como perteneciente al denominado “casco histórico” citadino, que fue por lo que la ciudad mariana y su Puerto Real de La Vela fue inscripta por la UNESCO en su lista de Patrimonio de la Humanidad..
En compañía del folklorista de INCUDEF Luís Cazorla, a fines del mes de mayo pasado, caminamos con el señor Mario Aular por las calles de Coro, a fin de obtener una apreciación lo más cercana y segura posible del disputado barrio La Guinea. Esta experiencia directa con sus vecinos, en su propio hábitat, me permitió tomar algunos apuntes en este recorrido itinerante que ahora paso a glosar con el ánimo de ayudar a dibujar el plano de este importante asentamiento, a grupas de caballo, perteneciente mitad a la ciudad y mitad al campo, como habremos de descubrir mediante la aplicación de algunas técnicas de la investigación antropológica y sociológica. Para Aular existen hitos de mucho interés para el conocimiento de la existencia del barrio y del proceso que condujo a que se le suprimiera su nombre original. Se dispone de fuentes escritas que dan fe de esta declaración. A guisa de ejemplo, él refiere la existencia de un decreto, presumiblemente fechado a principios de 1900, que determina la construcción de La Alameda Linares en la antigua Plaza La Guinea. Esa alameda hoy tiene como punto importante la actual Plaza Linares ubicada en la Avenida Manaure, entre las calles Mapararí y Churuguara.
Límites del barrio
Los especialistas del INE de Falcón lograron fijar los siguientes linderos de lo que aparece actualmente en el catastro de la ciudad de Coro con el nombre de Las Panelas: la calle Libertad por el Norte; la calle El Sol por el Sur; la calle Colón por el Este y La Quebrada de Coro por el Oeste.
Los vecinos de La Guinea, en su expediente de reclamación dirigido al Alcalde del Municipio Miranda, con fecha 8 de junio del año 2004, establecen como límites territoriales los siguientes: por el Norte la calle Libertad, cruce calle León Faría, “buscando la calle Campo Elías” y, por Sur, la calle El Sol; por el Este, la calle Federación y, por el Oeste, la calle Proyecto.
Limites de La Guinea, según sus vecinos
Límites de La Guinea con Curazaito y San Antonio: El Sol con Federación.
Límites de La Guinea con Curazaito: calles El Sol con Proyecto
Límites de La Guinea con Las Panelas: Proyecto con Libertad.
Límites La Guinea con Las Panelas y el centro: Federación con Mapararí.
Estos linderos tal vez podrían ser tomados como aquellos de mayor consistencia entre todos los aportados por nuestros informantes en el presente estudio. En acto de justicia, debemos colocarlos en el plano de la ciudad para que le sea restituido su nombre al barrio:
Para el joven folklorista Luís Cazorla, de 36 años de edad, nacido y criado en La Guinea, los límites de ésta son los siguientes: la calle Brión por el Norte y la calle Nueva por el Sur; la calle Federación por el Este y la calle Providencia por el Oeste.
A continuación colocamos los planos elaborados por el equipo de especialistas de Falcón del Instituto Nacional de Estadísticas en base a sus estudios de campo. Algunos de nuestros testimoniantes de los barrios La Guinea y Curazaito difieren de ellos, pero resultan una fuente merecedora de tomarse en cuenta en consideración en la discusión del tema.
En el primero, ubicamos los barrios que ellos denominan Las Panelas y Curazaito:
Plano del barrio Las Panelas. Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas.
Existen opiniones encontradas en lo concerniente a las demarcaciones de la propia ciudad de Coro y aún más, pues, como se ha visto, respecto a las del barrio La Guinea. En las numerosas entrevistas que hemos realizado a gente del barrio, hay consenso en que La Guinea fue el primer asentamiento humano establecido que llegó luego a alcanzar categoría de barrio y en que posteriormente fue levantado el sector o barrio Curazaito. Según el cronista local de la corianidad y eminente Profesor coriano Tito Guerra, nadie fundó La guinea, sino que la gente simplemente se fue asentando allí hasta convertirlo, de un suburbio de la ciudad, en un asentamiento poblacional que adquiriría cada vez proporciones más amplias, características y firmes. Por su parte, para el joven docente de percusión Gustavo Ricaurte, residente en el corazón del barrio y yerno de uno de los percusionistas del tambor coriano más distinguidos aunque poco o nunca reconocido, los viejos del barrio dicen que La Guinea llegaba hasta el prestigioso asentamiento aborigen Caujarao, distante a unos cinco kilómetros de Coro. Para otros de nuestros entrevistados, se La Guinea se extendía mucho más allá de Caujarao: hasta Curimagua, emplazamiento ubicado en plena serranía coriana.
Como en toda investigación con pretensiones científicas, deben tomarse en cuenta diversos puntos de vista en el cercamiento al objeto de estudio, desde el que derivan numerosos problemas que deberán ser explorados, estudiados y analizados para luego elaborar una explicación plausible. Es el caso de cómo surgió, se desarrolló y ha tenido su evolución hasta el presente el barrio La Guinea disponemos de varias versiones que iremos exponiendo aquí tratando de ubicarlas en el sitio que mejor corresponda. Según el arquitecto Nicolás Akirov, con 31 años de vida continuos en esta ciudad, en la medida en que la ciudad de Coro fue creciendo, de los barrios originales Los Ranchos y La Guinea, fueron derivando otros como Curazaito y luego el de Las Panelas, proceso que provocó que la gente se fuera instalando en estos nuevos asentamientos y se refirieran a ellos como lugar de pertenencia y no a aquéllos que les comenzaron a ser ajenos o muy distantes. Esto daría como resultado final que aquellos nombres originales fuesen desapareciendo al punto de no saberse la fecha exacta en que se produjo ese cambio definitivo. Hasta mediados de los setenta, nuestro interlocutor manifiesta que La Guinea no era ya un referente de barrio para muchas personas de la localidad, sí los del resto de los sectores mencionados en este párrafo.
Es curiosa la reacción de perplejidad que sigue en algunas personas cuando se les hace la pregunta. Es el caso del señor Edi “Pachito” Vargas, de 64 años de edad viviendo en el barrio colindante denominado Cabudare, quien expresa extrañeza ante el nombre La Guinea y luego se abre un poco más al diálogo cuando se le refieren algunos de sus lugares significativos, entre los cuales señala la célebre taberna El Garúa, ubicada en la calle Monzón con Colón y con 57 años de fundada, como un sitio en que no se sabe a ciencia cierta si pertenece a La Guinea o a Curazaito. Sin embargo, su actual dueño, Luís “Wecho” Ruiz, de 47 años de edad, se siente categóricamente perteneciente al Barrio La Guinea cuya demarcación precisa entre las calles Libertad y El Sol, por el Norte y el Sur, y las calles Providencia, por el Oeste, y Federación, por el Este.
Bar Garúa. Calles Monzón con Colón.
Bar Garúa. Dibujo hecho por su primer dueño, Luís Salvador Ruiz, en los años cuarenta.
Hay quienes afirman que el área por donde está hoy instalado el Hospital General Alfredo Van Grieken era “monte y culebra”.Se trataba de un espacio al descampado, de aparentes tierras realengas que fueron siendo ocupadas paulatinamente por la gente, haciéndolo por lo demás, como se dice, “sin ley ni concierto”. Así, para proporcionar una imagen fidedigna de aquel proceder, en una de sus porciones, la señora Elbis, madre del conocido “Chenelín”, residente de la calle Federación, ocupó un terreno donde construyó una casa.
Para nosotros se impone dejar hablar libremente y escuchar atentamente a quienes por lo general les ha sido prohibido hacerlo, personal o indirectamente, a fin de que al menos se nos cuente alguna otra historia de las que no aparecen en los libros consagrados de la historiografía aceptada como válida hasta el presente. Ciertamente, a no dudarlo, algún asomo de un núcleo de la verdad podrá alcanzarse con este ejercicio de la democracia que también ofrece la ciencia, por lo que permitiremos en primera instancia, más adelante, la exposición de motivos de algunos de esas voces excluidas, que expondrán sus argumentos y opiniones, como las de un vecino devenido en cronista y líder del barrio, de quien ha sido oportuno y gratificante indagar algunas de sus afirmaciones, compartidas por lo demás, en gran parte según hemos podido comprobar, por muchos de sus vecinos.
A reserva de emitir cualquier evaluación de su posición política, quedó clara para mí la posición de defensa de la clase oprimida de que es portador el sujeto en cuestión, quien escribe una semblanza o crónica a la semana en un diario local, escritos que siempre dibujan y trasparentan el rostro de los humildes y de su entorno vital. Podemos estar de acuerdo o incluso cuestionar algunos de sus juicios, pero lo más importante es que hallen púlpito adecuado en que sean expuestos para que sean conocidos y debatidos, si fuese necesario. A guisa de ejemplo, vaya su juicio del concepto señorial que dominó en un acto tan importante como es el de los fundamentos esgrimidos en la declaratoria del valor patrimonial universal de una ciudad. Hasta muy adentrado el siglo veinte, la ciudad de Coro fue definida a partir de un criterio señorial: estaba comprendida entre las calles Mapararí y Bolívar, según creí entender en una de las entrevistas itinerantes hechas al señor Mario Aular, de quien estoy hablando aquí. Se extendió desde la calle Ampíes hasta la calle González, entre las calles Falcón y Zamora, donde está situada la Iglesia San Gabriel y cerca de la casa del historiador Carlos González Batista.
Deberán echarse las bases para que la gente común cuente su historia, la propia y la de su familia, calles, pequeños asentamientos, poblados, comunidades y barrios, que nos servirán para ir construyendo la historia de cada municipio y región. Esas son las bases con que se levantará en el futuro la otra historia, la no oficial, pero la que ofrece verdades que la historia oficial ha ocultado y excluido siempre. Este enfoque es tan válido en lo concerniente a los hechos o acontecimientos a los que se les califica de históricos, como para aquellos sucesos aparentemente desprovistos de trascendencia que conforman el devenir de la gente sencilla, carente frecuentemente de la conciencia del valor de su testimonio personal para un proyecto de importancia nacional y extranacional. Por lo que nos atañe como Instituto, asumimos el concepto de cultura en su real valía: la del estudio y la indagación permanente y profunda, especialmente en torno a aquellas manifestaciones de la espiritualidad del pueblo, también casi siempre echada por la borda en el concepto, evaluación y juicio de las historias de la cultura de las naciones. Hay que desterrar el desdén y el desprecio con que los intelectuales al uso han tratado a la gente común, viendo las expresiones de sus artes creativas y los frutos de su prodigiosa imaginación como simples productos que, a lo sumo, se les arroja en un despreciativo baúl al que denominan folklore.
Otra será la historia de Coro que habremos de escribir fundamentándonos en las historias que cuenten las gentes de sus barrios, como este en cuestión que ahora nos ocupa. De La Guinea poco o casi nada se sabe: menos cuál fue su origen y cómo fue levantándose, trazando caminos a la imaginación y sembrando en el espacio enclaves físicos que tenemos la fortuna de que se hayan conservado hasta el presente, oponiéndose al estigma de los entes representativos de la clase dominante que por lo regular han excluido a los frutos de la creación del pueblo del patrimonio cultural de la nación ; sólo algunas puntadas de los testimonios de los conquistadores y colonizadores extranjeros nos podrán servir para hacernos una composición de lugar acerca del asunto. El pueblo deja asomar su rostro, en los trazos del dominador, cuando algo importante ha sucedido o está por suceder; luego es yunque encima del cual se martilla para obtener los cobres con que se engalanan de riquezas las mansiones, los coches y las damas de los jerarcas, potentados y sus lacayos.
Las fuentes documentales de archivo y bibliográficas señalan que el barrio fue poblado por negros africanos, descendientes de los antiguos esclavos y en muchos casos que habían adquirido su libertad o que llegaron a vender, en un período posterior de la historia, su fuerza de trabajo. Con ellos convivió gente de la más disímil condición económica y social, siempre perteneciente a la clase explotada. Fueron ellos quienes fundaron realmente la ciudad de Coro, antes de que ésta se erigiera como el centro urbano señorial que luego hemos conocido y que es el único aceptado. Pero esta verdad ha sido excluida de la historia oficial, donde no entra el rostro del oprimido sino en las ocasiones que he mencionado. Es difícil, casi imposible si no es por un acto de pura imaginación sociológica, seguir el curso de la vida social de esta gente humilde que levantó en aquellos terrenos relengos sus “ranchos” (de ahí derivó el despectivo nombre de Los Ranchos para designar el sector…), sembró y cultivó para sobrevivir en medio de la zozobra y la miseria impuestas por tan arriesgadas circunstancias.
Mario Aular afirma que “la gente de dinero” o godogracia de Coro fue desplazando a la población negra y mulata, originaria y paupérrima, del antiguo barrio La Guinea. Así se les daba posibilidad a personas de otros sitios para que se establecieran en la comarca circuncitadina, como aquéllas que procedían generalmente del campo y particularmente de las Serranías Corianas. Sería importante precisar a partir de cuándo se produce este fenómeno de inmigración forzada ejercido por la clase dominante en contra de los humildes y excluidos de siempre. Lo más probable es que se haya producido a partir de la matanza y otros hechos represivos ejecutados por las autoridades coloniales españoles, hechos que acaecieron después del levantamiento que lideró José Leonardo Chirino a fines del siglo XVIII y que, posteriormente, tuvieron un renovado capítulo a partir de la instalación del boom petrolero que tuvo lugar y se desarrolló en el siglo XX.
Mario Aular, investigador y cronista del barrio La Guinea.
Nos parece importante visitar a pie esta porción tan importante de la ciudad, generalmente excluida de los planos y, aun más, de la actual cartografía oficial de la ciudad, donde parecería borrarse de la historia un hecho tan importante como que por aquí nació el asentamiento humano del período colonial más antiguo, y a la larga también más importante desde el punto de vista histórico y de las tradiciones culturales, que dibujó su nacimiento y ulterior desarrollo que arranca desde el período colonial y se prolonga hasta el presente. Como intentaremos explicar más adelante, diversas circunstancias e intereses se concitaron para que hechos como el de la mencionada sustracción de la identidad del barrio se produjeran en el pasado, por lo que, eliminadas aquéllas, es lógico e inapelable que las cosas vuelvan a su lugar, y acto de justicia la restitución del nombre solicitada por sus vecinos.
Desde el punto de vista de la sociología y de la recuperación de la historia, resulta de interés el señalar los sitios y edificaciones marcados como de trascendencia para la identificación de los objetos en que se concentran significados para los vecinos de una colectividad, como la de La Guinea. Adicionalmente, nos parece un excelente modo de restablecer la importancia que para cualquier ser humano aquéllos tienen como referentes del pasado y, asimismo, como evidencia palpable del papel de la memoria colectiva en la defensa de una identificación de los colindantes de una localidad, no importa incluso cuán pequeña pueda ser ésta. Para un interesado en seguir los rumbos de la historia de las pequeñas comunidades, y hasta para un simple turista que desee conocer o experimentar una ruta inusual excluida de las guías turísticas en uso, la presente del barrio en cuestión desfila por las “menudas” historias de los excluidos de siempre. Permítasenos seguir las voces de a quienes raramente les ha estado permitido hablar ni siquiera de su entorno.
Nuestra caminata comenzó en la Plaza El Tenis, situada al sur de la ciudad de Coro, en el extremo de la calle Comercio que converge en la Avenida Manaure. Desde esa plaza se encamina uno rumbo a Barquisimeto y a la Sierra Coriana. Nos señala un sitio asociado a la familia de apellido Veroes, espacio que antiguamente era un lugar donde eran estacionadas y pastoreaban los burros que bajaban de las serranías corianas.
Primera escuela para mujeres
La sociedad coriana ha sido vista casi siempre por los historiadores como una de corte tradicional y, hasta cierto punto, tal afirmación podría hallar argumentos para probarse. Pero lo cierto es que, lo que nos enseña la historia, que muchas de sus hijas se han distinguido a la par de los hombres, en muchas esferas de la vida social: en la literatura, las artes creativas. Ha existido una lucha por los derechos de la mujer a colocarse a la par del hombre y sobran los ejemplos que la atestiguan, solo que han sido omitidos o silenciados. Tómese sino el ejemplo de la heroína Josefa Camejo, llevada al Panteón Nacional en fecha reciente, habiendo sido quien encabezó uno de los movimientos por la independencia más descollantes de cuantos han tenido lugar en tierras falconianas. Habría que seguir el curso de tales luchas para entender mejor cuándo se avanzó en logros y quienes fueron las o los protagonistas. Así se entendería el significado que nos intentó trasmitir el señor Mario Aular cuando nos refirió que en 1904 se firmó un decreto municipal que instituyó la fundación de la primera escuela para mujeres, en un local que está en la ruta que estamos siguiendo.
El Chupulún
Hay espacios que nos abren avenidas insospechables para adentrarnos en episodios y circunstancias que al parecer los historiadores e investigadores tradicionales no transitan porque les obsesionan los hechos, que se colocan como piedras unas encima o al lado de las otras de modo de edificar los muros sólidos de los edificios o estructuras cómodas de las historias que resultan así verosímiles y digeribles con mayor facilidad. Es lo que ocurrió con el sitio ubicado en la calle Monzón entre la Avenida Manaure, la calle Bolívar y sus alrededores. Antiguamente El Chupulún era el sitio de llegada de los negros y mestizos acompañados con sus tropillas de burros procedentes de la sierra coriana. En ello influía fundamentalmente las condiciones físicas de que se disponían entonces: en particular la existencia de un manto freático con abundante agua subterránea que favorecía la existencia de hierbas que ingerían los animales de carga. Así fue como paulatinamente se convertiría como en una especie de centro de acopio de los productos que se acarreaban hasta allí con fines comerciales. A su alrededor se empezaron a mover intereses de gentes que preferían comprarles las mercaderías a esos proveedores rurales antes que irlas a compararlas a los revendedores citadinos. Con el tiempo aquel espacio de encuentro derivaría en comercio o centro comercial donde algunos compradores adquirían los bienes al por mayor o mediante el trueque que luego serían distribuidos en Coro o en sus alrededores.
Espacio donde existió El Chupulún. Calle Monzón, entre Comercio y Av. Manaure y sus alrededores.
Actuales calles Monzón con Bolívar, donde se ubicó El Chupulún.
El buco
La toponimia nos ayuda en ocasiones a desentrañar el significado de territorios, parajes, lugares y acontecimientos que la gente no puede explicarse por haberse perdido el referente o debilitado la memoria colectiva. Mario Aular afirma que el buco es una voz aborigen que se refiere a una presa o embalse en donde almacenaban las aguas acarreadas por gravedad, a través de cañerías, desde algunas fuentes hídricas ubicadas en alturas superiores al nivel del mar del asentamiento que sirve de destino. Parece lógico que se refiera al río Coro ubicado en Caujarao y al cerro Buena Vista.
Comercio La Económica
Se discute mucho ahora en torno al sentido de pertenencia y aprecio del coriano por su ciudad. Especial objeto de discusión lo constituye el tratamiento civil que les dan la gente a las casas construidas a base de barro y empleando técnicas constructivas ancladas en la artesanía y las técnicas más tradicionales. Se han constituido varios partidos en cuanto al tema de si deben conservarse dichas casas, a las que el tiempo, las condiciones climáticas y meteorológicas adversas, arremeten con fuerza, hasta el punto de debilitarlas y en muchos casos derribarlas. La desidia pone su granito: se han denunciado casos en que gente de dinero y sin escrúpulos, o simplemente que operan con clara conciencia comercial, las compran para dejarlas caer y luego levantar en el terreno que ocupaban instalaciones horribles que alojan negocios. Y eso ha sucedido a la sombra de la ignorancia, la falta de seguimiento de la gente encarga del asunto y la desidia de los comarcanos. Lo cierto es que muchas casas están en pésimas condiciones materiales, en peligro de derrumbarse y, por tanto, de perderse definitivamente, y muy pocas veces este es tema de debate público. Salvo por la oposición que desde las páginas de diarios que les sirven de plataforma denuncian la situación para achacársela a la gestión de los gobiernos municipales y regionales.
En muchos de esos análisis y ataques abiertos se advierte, se denuncia y en ocasiones se dice parte de la verdad. Pero estoy por leer uno que denuncie con nombres y apellidos la gente que se ha prestado a tales actos de lesa corianidad, al propiciar que parte de uno de los patrimonios edificados más importantes del Caribe se haya lesionado irreparablemente. La historia, y también la memoria de las personas con ética, acude al relato para refrescarnos los actos de barbarie que algunas gentes realizó en gobiernos pasados, en particular algunas autoridades gubernamentales o políticas que hundieron el dogal en edificaciones para sentar un precedente horrible que amparó la actitud de otros inescrupulosos. Mario Aular refiere que el alcalde Rodolfo “Popo” Barráez le entró a martillazos a la casa donde hoy funciona el comercio La Económica, frente a la calle Comercio número setenta.
Establecimiento comercial La Económica, hasta donde llegaba El Chupulún.
Los Zagaletones
En la calle Ampíes número sesenta y dos, frente a la plaza Juan de Dios Monzón, está la casa de¬ un señor de Caracas, único hombre que tenía caballo de “paso fino” en la ciudad y a quien el padre de Mario Aular vendía mercaderías en su condición de agricultor de las huertas de Coro. Esa casa, conocida también como el Palacete del General Laclé, posee una cornisa que algunos clasifican de influencia foránea, incluso se preguntan: ¿árabe a judía? Contiguamente está la casa que hoy ocupa la Posada Los Pájaros. Justamente en esa plaza y sus alrededores se reunían cada 30 de noviembre algunos antiguos residentes del barrio para rememorar aquellos tiempos de la infancia cuando hacían travesuras y malandrerías tales que los hizo merecedores del epíteto de “los zagaletones”, cuyo significado principal combina el calificativo de zángano – quien no hace nada, vago--, pero que a su vez lo hace persiguiendo una diversión sana. Una de esas aventuras los llevó a lanzar una pelota a modo de un contundente proyectil que quebró el vidrio de una de las ventanas de esa enorme casa de vivienda que hace esquina, a la que hemos hecho referencia.
Casa o Palacete del General Laclé.
El hecho, por su violencia y ser desacostumbrado, provocó cierta reacción en el vecindario y se esperaba la reprimenda o regaño de su dueño, cosa que al parecer no se produjo. Pero hubo protesta de los vecinos, quienes le hicieron llegar al periodista Márquez Yánez una nota para que la comentara en su programa “Los cumpleañeros” transmitido por Radio Coro. Pero... ¡sorpresa para el escuchado comunicador social!: en la lista que le pasaron para denunciar a los vagabundos, se consiguió el nombre de su hijo! Brotó la expresión jocosa de sus labios con que el ingenio criollo vence el mal momento: “Señores radioescuchas, esta es otra broma de “los cumpleañeros” del día de hoy, quienes quisieron echarle al Comandante de la Policía, precisamente en una ocasión memorables cono la de hoy, cercana al día de los inocentes”, se apresuró a comentar en el micrófono el atribulado locutor para salir airoso de tan complicado lance.
En el encuentro de los “zagaletones” del pasado año, pudimos verificar la capacidad de movilización y de organización que tiene una comunidad cuando se dispone a mantener a toda costa algún valor o experiencia colectiva que le sirva para lograr su cohesión interna, más allá de limitaciones de diversa índole, como las monetarias y materiales. Esta costumbre de reunir anualmente, siempre para una fecha fija, a los que nacieron, se criaron o vivieron durante mucho tiempo en La Guinea, llevó a quienes creen y mantienen esta costumbre a constituirse casi en una cofradía en torno al recuerdo de los hechos antes enumerados. Desde hace varias décadas se reúnen alrededor de la mencionada Plaza, donde levantan un improvisado escenario, y evocan el pasado, con manifestaciones de alegría y hermandad. La fiesta es amenizada por agrupaciones musicales e intérpretes que actúan para los invitados desde horas tempranas en la mañana hasta casi el anochecer. Existe una comisión encargada de la obtención de los recursos económicos y materiales; de cursar las invitaciones y de organizar el encuentro que transcurre con un tono familiar, divertido y lleno de paz. Cada cual hace su aporte monetario durante el año y parte de los gastos se sufragan con la venta de bebidas convenidas previamente con las empresas licoreras.
Es una evidencia de que una actividad social puede derivar en una tradición cultural capaz de lograr el autofinanciamiento cuando los miembros de una comunidad tienen la voluntad de preservarla.
Mural “Los Zagaletones de la Plaza Monzón“
Plaza Monzón, corazón de la tradicional fiesta de Los Zagaletones.
Club La Guinea
Los vecinos del barrio La Guinea han sabido construir espacios para desarrollar vínculos urbanos e interactuar periódicamente en el interés de la propia comunidad, por cuanto se trata de un accionar sano desprovisto por lo demás de cualquier tipo de fines lucrativos. En la medida en que avancemos en el arqueo documental y en las entrevistas a las personas de la tercera edad, aparecerán los nombres de esos espacios elaborados a golpe de voluntad y de paciencia para colectivizar los valores positivos de los vecinos y para que sirvan de ejemplo para los demás, en particular para los niños y adolescentes que se empinan a la vida y especialmente para los jóvenes más proclives a descarriarse.
Uno de los espacios construidos por esos propios colindantes es un Centro que ostenta el nombre que le escamotearon al barrio: el Club Social y Deportivo La Guinea, que se ha erigido en un símbolo del factor identitario local que remite a un pasado que se prolonga en el presente. Es una evidencia viva de que lo sembrado ayer con manos amorosas, enrostra el ataque del tiempo y la indolencia, se resiste al olvido y al desgaste….hasta demostrarnos que en ese terreno, abonado en el corazón, una plantita bien cuidada tiene su ramaje florecido como fiel testamento de la capacidad de resistencia del pueblo.
Reunión en el Club La Guinea.
Equipo de Ciclismo del Club La Guinea. Al extremo derecho Willi Marín.
¿Cómo fue fundado este centro? La amistad fue al comienzo .Un grupo de amigos del barrio, en fecha que la memoria no precisa, se reunían para tertuliar e intercambiar acerca de temas como el deporte, el juego y la cultura. Tal vez eso ocurría allá por los años 67, según recuerda el actual propietario del inmueble, en cuya casa de vivienda está enclavado el Club. Esos encuentros fueron siendo cada vez más frecuentes y el interés fue prendiendo entre los vecinos hasta atraer a muchos miembros de la comunidad; las necesidades de diversa índole ampliaron su alcance social, hasta dejar atrás lo que había sido al principio un simple compartir entre amigos .Se hizo necesario, pues, pasar a una forma de organización que dejara claramente establecido el objeto social y las normas que regirían en lo adelante el espacio social alcanzado espontánea y libremente por ellos.
En 1984 el actual Club La Guinea fue inscrito como asociación civil. En la directiva elegida la integró como presidente Segundo Augusto Colina, Manuel González, Rosendo “Chendo “Chirinos, Gregorio Curiel .Entre los objetivos de la sociedad estaban los de compartir sanamente los fines de semana mediante juegos recreativos como el juego de barajas, el dominó y el deporte, en primer término las bolas criollas, el softball y el ciclismo. El interés despertado por la instalación se fue ampliando entre los vecinos hasta movilizarlos para realizar en ella otras actividades sociales, como bodas y cumpleaños, de los cuales muchas familias conservan gratos recuerdos.
En cuanto a la edad de quienes solicitaban ingresar en esta forma de asociación civil sin fines de lucro, había fluctuación de edad entre los afiliados, pero el promedio era de cuarenta años, aproximadamente. Fundamentalmente, eran hombres quienes se afiliaban, aunque muchas veces en las actividades se presentaban con sus esposas y demás integrantes de la familia.
Actual local del Club La Guinea, en la calle Bribón, entre Colón y Federación.
Los fines de la sociedad rebasaban los del mero entretenimiento .Llegó a perfilarse como una sociedad de ayuda mutua, paliativo en circunstancias económicas precarias .Así, cuando alguien fallecía, recogían dinero para comprar las coronas y asistir a la familia del muerto en lo que fuese posible.
Memorias del barrio
Francisco “Chico” Rojas, de sesenta y siete años de edad y su actual Presidente, reconoce a la familia Curiel como la dueña del San Benito. Todo un ambiente positivo rodeaba cada evento cultural de la comunidad como reflejo de la vida cotidiana. Los juegos, como el dominó, eran envueltos con la confección del famoso celse, plato que algunos tienen como reminiscencia de los violentos corsarios y piratas que asolaron el Mar Caribe y tanto temor imponían en las poblaciones limítrofes con él, incluida la de Coro.
Aquélla era una época en que se comía el “asiento “ o el resto de los chicharrones y se acostumbraba a comprar una media locha (12 centavos ) de leña para cocinar ,porque para entonces no existían el gas ni la cocina eléctrica. Se pedía la ñapa, que equivalía a lo que quedaba del serruche de la panela o también a una cantidad de cambures. Se compraba también un cobre (un centavo) de queso, expresivo de la extrema precariedad de la vida de la familia, que pendía del hilo y la confianza que tuviera el dueño de la bodega en el padre o la madre que la encabezaba. De ese dueño, pues, dependía el crédito, que tenía límites precisos .La vida en muchos casos dependía de esa institución de la “cultura de la pobreza” que tiene un nombre:”el fiao. A los niños se les enviaba a comprar y ellos lo hacían gustosos por la recompensa que recibirían.
En efecto, cada compra iba asociada, casi siempre ,a la ñapa ,que ya hemos dicho en qué consistía .La ñapa se inscribe como pieza de convicción importante de lo que denomino “la cultura del taturo”, de aquella extrema precariedad y pobreza en que la vida humana depende del pequeño comerciante del barrio o de la pequeña comunidad y de esa forma de organización de la sociedad civil de tanta importancia económica que es el “fiao”.En el taturo o pequeña vasija se depositaba la ñapa; en su interior se iban depositando frijolitos como constancia de las compras hechas por el vecino en determinado lapso de tiempo en que éste solicitaba la “cancelación “ de la cuenta. Era una forma también de obligar al vecino a convertirse en cliente.
Hubo hornos de barro que empleaba fuego obtenido con leña, en los que se preparaba la comida en las casas de la familia. La vida familiar se llevaba de la mano de estos objetos artesanales que se convirtieron en un lugar obligado del coriano, hasta alcanzar el rango de tradición .Hoy están en vía de extinción y ¿qué estamos haciendo para rescatarlos?
Ni siquiera la población, menos aún los niños, los recuerda o toma en cuenta porque no han sido oportuna ni adecuadamente valorados .Un Museo del Barrio podría ser el sitio ideal para colocarlos en su justo lugar y poderlos exhibir para que se les tome en cuenta como parte del patrimonio cultural de Coro, sobre todo por parte de los propios corianos, un poquito más por los venezolanos y a nivel de todo el planeta.
Francisco “Chico” Rojas, actual directivo del Club La Guinea.
Actividad deportiva del Club La Guinea.
El Club La Guinea ha sido un espacio social permanente usado por los vecinos, aunque nos advirtieron que había tenido un prolongado apagamiento por diversos motivos, pero ahora se ha avivado a consecuencia de nuestras frecuentes visitas y actividades. Existen muchas casas emblemáticas desde el punto de vista de la historia y de la cultura que deberán ser debidamente identificadas y estudiadas para su incorporación a un catastro del barrio que servirá para afianzar el sentido de pertenencia, el arraigo y la identidad características de sus moradores. Así, por ejemplo, la casa de Nito es una especie de museo por la cantidad de objetos acopiados .Distribuidor de bolsas plásticas y trabajador de un colegio especial para niños, pegado al módulo de la Policía, su hijo tiene un “kinito”, es decir, una venta de este popular juego de apuesta.
Espacios socio-económicos
Hubo en el barrio una cantidad de negocios de muy diversa índole .Había personas que compraban y vendían todo tipo de géneros. Salvador Chirinos era uno de esos; le preguntaban: “¿tenés carne salá?”. “No, pero te ofrezco Kersén “. Así fluctuaban las cosas en una sociedad cuya economía estuvo signada desde entonces por lo que hoy se denomina economía informal, es decir, por aquella que delata la precariedad que dominaba la vida del ciudadano medio y que era justamente la que dominaba casi toda la vida social.
Espacios recreativos.
La Guinea tuvo varios cines: el “Colón”, en la calle del mismo nombre, perteneciente al señor Luís Salvador Ruiz , padre del actual dueño del bar Garúa, en sociedad con Luís Rivero, y el “Cine Popular”, de Pedro Len en la misma calle. Se recuerda que hubo otro cine ubicado en una casa de vivienda de la calle Mapararí, entre Federación y Colón. El señor Nicolás Jiménez, de 80 años de edad y nacido en el barrio, recuerda que en este último cine se exhibieron películas mudas, como las de Charles Chaplin, proyectadas por un señor llamado “Teté”.
Tradiciones Culturales
El pesebre
El pesebre se desmantela el día dos de febrero, día de La Candelaria. Se significa con ello el fin de la fiesta navideña .La suegra de El Chino Solís barría el frente de su casa, acumulaba la basura en un montón para quemarla como un acto de purificación .Esta tradición ha permanecido como una de las costumbres más fuertes de los poblados rurales Sabaneta y Mitare, ambos pertenecientes también al municipio Miranda.
Artistas
Según el artista de la plástica Henry Curiel, nacido y criado en la calle Monzón con Federación, donde adquirió su formación académica personal, el barrio La Guinea ha sido cuna de grandes artistas. Entre otros, menciona a la propia Olga Camacho, su hermano Miguel, Trina Curiel quien creó en Coro la tradición de San Benito y a los pintores Jesús “Chucho” Ruiz, Roberto Chirino, José Gotopo; también allí vivió un tiempo Domingo Medina; también Julio Camacho y Nicasio Duno.
Ana Lucía Pirona
Ana Lucía Pirona es una señora que emite destellos de energía y espiritualidad. Recibimos sus emanaciones tan pronto hablamos con ella a través de los barrotes de la reja que impide el acceso a su hogar que pronto se abrió para atendernos con toda la dulzura y amabilidad que la caracterizan. La habíamos visto en el porche ensimismada en la lectura de algún libro que luego supimos era una especie de crónicas de la ciudad de Caracas. Nos llamó la atención el hecho de la lectura, porque raras veces apreciamos a gente leyendo y mucho menos en la entrada de la habitación de una casa del barrio. Esta dama enjuta y electrizante tiene de 87 años de edad e igual cantidad de tiempo de vivir en su casa de la calle Federación, entre las calles Nueva y El Sol, justo en el corazón del barrio La Guinea. Al doblar de su vivienda, habita su comadre la señora Olga Camacho con su familia. Su padre, Camilo Pirona, fue primero, nos dice; tocaba el tambor. Su “mamá era curazoleña, que nació aquí. La tatarabuela y la bisabuela vinieron de Curazao a los 15 con su mamá”. Jesús Véliz, de una emisora cultural pertenece a su familia. Parrandeó mucho con el tambor pero, cuando su padre Camilo falleció, se alejó del baile. Ha estado con Olga Camacho ayudando siempre. Su padre tenía el tambor en su casa y era muy parrandero: con mucha frecuencia visitaba las familias para darles serenatas; del primero de diciembre hasta el dos de enero siguiente participaba en las fiestas sin interrupción. El salía con Victoriano Veroes, esposo de María Chiquitín
En el barrio había puros corianos, pocos curazoleños. Los padres de Lucía entraron por San Antonio, donde nació y, cuando se casó, se mudó para La Guinea.
En el pasado la comida era muy sana, la gente criaba en sus casa muchas gallinas y pollos con maíz, ahora son pollos muertos (que venden en el supermercado) ¿qué alimento tienen? Cada quien molía el maíz para hacer su arepa pelá.
La señora Ana Lucía Pirona considera que la actual juventud “no es como la nuestra”: todo se lo llevan a la nada; hay una ausencia de algo esencial: el respeto”. Quienes lograron vivir con aquellas normas, ya perdidas, se murieron.
En el barrio circuló un periódico que reflejaba algunas cosas de la comunidad. En una ocasión apareció en el una referencia a una familia de La Guinea, que se disgustó y produjo una tensión y protesta tan elevada que el periodista se vio obligado a mudarse del barrio porque corría peligro. El era muy amigo de la casa de Ana Lucía Pirona, quien entonces contaría con 13 años de edad, aproximadamente.
Ana Lucía Pirona disfrutaba mucho de las fiestas, igual que lo hacía su familia. Recuerda, no sin cierta nostalgia, los carruajes y los coches de carnaval que circulaban por las calles; la gente de La Guinea tenía que ir a la calle Ampíes para ver el desfile, porque los coches no podían pasar a causa del barro acumulado en las calles de tierra de La Guinea.
La fiesta se concentraba, pues, en el casco histórico donde vivían los ricos. Los pobres tenían que desplazarse de sus barrios para el centro para ver los carruajes y la gente con disfraces. Desde los carruajes arrojaban golosinas, jabones, pinturas, etc., que la gente humilde agarraba alegremente.
Las comparsas salían muy bien vestidas y muchos de sus integrantes iban disfrazados. Ana Lucía deja escapar una expresión nostálgica: “muchas de aquellas cosas eran buenas, que el tiempo se llevó...”
El Coronel Lago y el General Jordán adquirieron acequias equivalentes a cañadas. En la calle Progreso hay una quebrada, que era de donde brotaba el agua. Detrás de la calle El Sol había otra acequia o quebrada muy grande.
La afición de Ana Lucía Pirona es la lectura. Disfruta leyendo, lo cual considera una herencia familiar: su padre leía mucho, a pesar de ser muy pobre. Siente orgullo de haber “salido como él. Me gusta mucho la lectura; el que lee mucho, algo aprende”. Está consciente de que se comporta como montuna en muchos sitios adonde acude. Le gusta oír y observar, más que hablar.
Siente que ella está perdiendo control, que las cosas se les están mudando.
Menciona el Doctor Iturbe, de Maracaibo, asociado al texto de la gaita “¿De dónde vienes Iturbe?” Lo conoció en el Zulia, en la primera vez que ella se hacía una radiografía; le pareció “fantochito.” Confiesa que ha vivido durante mucho tiempo en ese otro Estado; sus dos hijos mayores, de los cuatro, nacieron en el Zulia.
Solicitud de Casa de la Cultura.
La comunidad La Guinea, a través de algunos de sus cultores populares y educadores, ha manifestado algunas necesidades culturales insatisfechas. Las actividades artísticas que organizan anualmente, de atrayente significado social, como las del Día del niño y el día de las madres, no reciben el sostén ni tampoco la atención adecuada de parte de los organismos oficiales responsables del servicio cultural del Estado Falcón. Se trata de darle un seguimiento directo y permanente a las actividades y eventos que los vecinos realizan anualmente sin ninguna orientación ni apoyo. También manifiestan que en el barrio existen terrenos, como el del sitio conocido por El Llano, ubicado en calle Progreso y Providencia, donde la Alcaldía podría construir una Casa de la cultura. INCUDEF podría sumarse a la coordinación de una reunión en la que los vecinos manifestaran estas solicitudes a través de la organización que atiende la comunidad, como la Asociación de vecinos, las Unidades de Batalla Electoral (UBE) y el programa Barrio Adentro; podría incluso elaborar un diagnóstico socio-político e impartirles el taller F.I.D.E.S.-L.A.E.E., como acciones concretas con que nos hagamos eco de tales pistas, reclamos. Así podríamos ir ganando tiempo para que vayamos pensando cómo elaborar estrategias encaminadas a darle respuesta a tales necesidades.
PERSONAJES POPULARES.
Rafael José Hernández* ha rescatado del olvido a un personaje coriano como extraído de las catacumbas, algo así como el Coco con que se le echa miedo al niño, pero con apariencia espeluznante. La leyenda de Quéquero empezó a tejerse con sus propias manos cuando, sobreponiéndose a su estado de desmadejamiento de sus piernas, construyó un carrito rústico con que, ayudado por un amigo, en cierta ocasión paseó por la ciudad. Se instaló en el inconsciente colectivo del coriano como una referencia que, al evocarse, era asociada al terror, a lo desconocido, a lo que se teme o al misterio.
Quéquero también pertenece al dominio de los saberes, lo cual lo demuestra la expresión local ya lamentablemente más en desuso: “eso no lo sabe ni Quéquero”, que confirma el vasto alcance y dominio del conocimiento de este personaje legendario, al punto que llegó a saber de buena tinta la vida y milagros de todas las familias de la ciudad.
*Rafael José Hernández: “Personajes populares corianos” p. 100 – 101, en
Luís Alfonso Bueno: De Coro y de corianos. Caracas, 1.976.
Vivía justamente en la salida de ciudad; por el frente de su casa, camino a la sierra coriana, transitaban las tropillas de mulas, cuyos transportadores le comprobaban las lámparas que él fabricaba con potes vacíos. Las bestias campaneras las llevaban colgadas para alumbrar “los oscuros peñascales de las cumbres “. El pago se lo hacían quienes le compraban en especies, como panelas, papelón o pescado. Con la hojalata de los potes hacía también reliquias para santos.
Así como su llegada a Coro e instalación en el barrio La Guinea estuvieron envueltos en las brumas, así también su muerte ocurrida allí selló su paso por este espacio habitado.
Límites Geográficos de la ciudad de Coro
La ciudad de Coro se había extendido hacia el Sur a consecuencia del creciente interés de sus habitantes por apropiarse del espacio donde habían sido sembradas las mencionadas huertas. Para el año 1887 en que es levantado el inmueble de la iglesia de San Antonio, el barrio La Guinea se había consolidado como un asentamiento urbano poblado por los Loangos o “Negros Holandeses” descendientes de los negros africanos esclavos traídos a Coro desde la vecina isla de Curazao.
El licenciado Arcadio González, cronista oficial del Municipio Miranda, ha hecho una tenaz indagación en torno al origen y desarrollo de sus parroquias. Según él, el Estado Falcón fue dividido en virtud de la Ley de División Territorial en Distritos y cada uno de éstos, a su vez, en Municipios. Así el Distrito Miranda se dividió en los Municipios Urbanos San Gabriel, Santa Ana y San Antonio; recientemente fueron instituidos los Municipios—que califican de “foráneos”— Guzmán Guillermo, Mitare y Gil. A partir de 1972, la ciudad de Coro comenzó a funcionar como capital de los tres primeros.
Arcadio González indica el año de 1574 como la fecha en que posiblemente aparecieron estos primeros negros introducidos aquí por la necesidad de brazos para la pesca de perlas; también menciona a Jácome de Castejón como uno de los principales traficantes de negros, quien era por lo demás hombre cruel y sin escrúpulos. Este autor deriva las comunidades Los Ranchos, Curazaito y Las Panelas de un núcleo poblacional inicial, además de afirmar que Curazaito está muy emparentado con los grupos de pobladores que regionalmente se ubicaron en la Isla de Curazao, indígenas pertenecientes a la etnia denominada caquetía.
1.2.2 Barrio Monteverde de Coro.
Puede ser calculada la sorpresa y aun los laberintos por los que a menudo transitan los estudios, que a veces nos hacen salir al encuentro de realidades que no habíamos tomado en cuenta al formular los postulados que muestra la Metodología, entre los que están las hipótesis. Monteverde, en su relación con La Guinea, podría ilustrar este fenómeno. El sector conocido por Estanque antiguamente era un barrio obrero al que luego se le dio el nombre de Monteverde. El caso de la señora Clotilde “Tiota” García, de 82 años de edad y de igual cantidad viviendo en Monteverde, nos puede servir de ejemplo elocuente de esto que estamos tratando de explicar: declaró en la entrevista no haber escuchado nunca el nombre de La Guinea. Su madre le manifestó que Los Ranchos fue el nombre original de lo que es hoy Monteverde. Así mismo Meya Ugarte, de 86 años y del mismo sector nos informa que eso nunca se conoció como Los Ranchos.
Las actuales entrevistas que estamos realizando ponen al rojo vivo una evidente rivalidad o tensión entre los habitantes de este sector y el de La Guinea, cuyos testimoniantes raramente lo mencionan en ellas, salvo cuando se les pregunta y se les alude explícitamente; entonces es en que en la respuesta se nos manifiesta que, en efecto, hacia allí fueron llevados los tambores, pero con la aclaración de que su origen y espacio de avance es Monteverde, donde vivieron los más grandes tamboreros. Tubalcaín Sánchez, “El Seretón”, de 48 años de edad y quien se crió y ha dedicado toda su vida al desarrollo del deporte en Monteverde, nos aporta los nombres de algunos de sus más famosos tamboreros: Genaro “El Burro (autor del vals La Macota), Antonio “Manco Renco” y Goyo Pimentel “El Macaco”. Este músico, quien se ha ofrecido como valioso testigo, nos habló de la existencia de un tambor monteverdero.
Licorería de Pedro Gutiérrez
“El Tenis” es una plaza que se nos ofrece como emblemática en nuestro recorrido. Su nombre se debe a que en estos terrenos fue construida la primera cancha de tenis de la ciudad, la que se atribuye a la familia sefardita de los Senior. En este espacio existió un parque temático dedicado a la fauna prehistórica, la que se aviene muy bien con los hallazgos paleontológicos de Taima-Taima, donde se encontraron restos de ejemplares de la familia de los mamuts siberianos.
Enfrente existió la licorería de Pedro Gutiérrez, a quien el ingeniero Ismael Medina identifica como dirigente del Partido Comunista de Venezuela; esa licorería nos aseguran que fue la primera de Coro. Durante 12 ó 14 años su inmueble permaneció en pie, pero “rapidito se tumbó”, expresión esta última con que el pueblo nos indica que poderosos intereses o la desidia mal intencionada se conjuraron para que algo de valor se destruyera sin que nadie se percatara.
Aquí estuvo la licorería de Pedro Gutiérrez
1.2.3 Curazaito
En la esquina de las calles Colón con Sol encontramos una casa cuyas columnas nos parecen típicas de Curazao. Mario Aular nos señala que allí comienza el barrio Curazaito, desprendimiento del barrio La Guinea. También pudiera interpretarse la existencia del barrio Curazaíto como otro de los productos de las operaciones o manejos de los gobernantes y políticos de turno para controlar el territorio y ganar mayor cantidad de votos en el proceso del período electoral en detrimento de la identidad local.
En Curazaito, muchas casas tienen un puntal más bajo, de modo que para entrar en algunas de ellas hay que inclinar la cabeza para evitar golpearse. Pudimos apreciar cobertizos y otras áreas techadas de algunas de estas casas que nos parecen propias para liliputienses. Así, parecería una paradoja que en el barrio Curazaito, donde se asentaron personas provenientes de las Islas de los Gigantes, fuesen construidas casas de habitación para enanos. Pero más recientemente, en nuestras incursiones a la sierra coriana, hemos podio apreciar la existencia de una cantidad muy significativa de casas de viviendas con tales tipologías, lo que nos induce a plantear el impacto o enorme influencia del campo sobre Coro en lo que a patrimonio civil edificado se refiere.
Pedro Pablo Navarro es de la creencia también de que esclavos y descendientes de los denominados loangos fundaron primero La Guinea y luego Curazaito.
Los especialistas del Instituto Nacional de Estadísticas establecen los siguientes límites geográficos para el barrio Curazaito: por el Norte la calle El Sol y la Avenida El Tenis en el Sur; la calle Colón en el Este y también la Quebrada de Coro en el Oeste. El plano de este barrio elaborado por ellos y que nos fuera permitido colocar en este trabajo.
Plano del Barrio Curazaito. Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas.
Su población entre la ciudad y el campo
La gente que vive en Curazaito procede fundamentalmente de la sierra coriana .Serranos bajan cada mes de diciembre a tocarle al pesebre dedicado al Niño Jesús y a beber cocuy en Coro .No vive casi ningún curazoleño en el barrio.
La gente de Curazaito con familia en la sierra que acude a ésta para pasar el fin de año y se convocan espontáneamente a una reunión, en plena vía pública, para despedirse de la ciudad y de ellos mismos. Con este gesto reafirman el sentido de doble pertenencia a un espacio al mismo tiempo citadino y rural, en el que se nos está diciendo claramente que se trata de un solo espacio donde profundas y subterráneas raíces se alimentan de una savia común que no se apaga ni deja de fluir. Es el mismo comportamiento y significado que experimenté en la populosa ciudad de Santiago de Compostela, capital de la región autónoma de Galicia, España, en ocasión de las celebraciones del Día de San Juan, cuando la gente desborda las calles—peregrina por ellas—y realiza ritos tradicionales alrededor de las hogueras que ellas mismas construyen y fomentan. Entre los vecinos de la antigua Plaza del Mercado existió una hoguera invisible que los hizo congregarse para confraternizar al aire libre y despedirse, por cuanto a seguidas viajarían a la Sierra coriana adonde está el resto de su familia para estar con ella en tan memorable ocasión .El encuentro transcurrió bajo un cielo surcado por los colores fulgurantes de los fuegos artificiales
Grupos artísticos
Vamos a mencionar concisamente los nombres de las principales agrupaciones artísticas del barrio que se encuentran registradas y reciben subsidio estatal. Damos por mencionada a la de Olga Camacho, por tratarla en un sitio especial. Así, por el módulo policial, ubicado en la calle Silva, hay una persona con una asociación en forma de escuela denominada “Danzas Turpial”, de Doris Dubarí;”Tambor Experimental Son Changó “; Asociación Civil Taller Experimental Cartují (cardón, tuna y cují); Asociación Grupo Experimental Guanahaní y la Cofradía de San Benito.
En ese espacio se realizan anualmente actividades artísticas en las que los vecinos organizados toman las calles. En las calles Colombia con Providencia realizan tres actividades anualmente: un parrandón el veinte de diciembre; el día del niño, el dieciocho de julio y el día de las madres. Cada una de estas actividades es acompañada de música, danza y teatro, con la actuación de grupos de la comunidad y ocasionalmente de otros invitados.
Antes había una vecina, Juanita, que usaba su casa para hacer actividades recreativas, iniciativa que abandonó porque su inmueble se le vino encima y “nadie le metía la mano”. Incluso estuvieron registrados como Asociación Civil.
Alumnas de Danzas Cartují con sus profesores Minerva Lugo y José Solís.
Danzas Cartují.
2.2.3 Macuquita: comunidad de afrodescendientes loangos.
Esta comunidad está ubicada a unas decenas de quilómetros de la ciudad de Coro, capital del Municipio Miranda, cuya jurisdicción comprende territorios del llano, costas con puertos de gran valor histórico y estribaciones montañosas con hermosas vistas y paisajes provistos de humedales que en algunos casos le proporcionan fertilidad a los suelos y propician una vegetación exuberante, que contrasta con otra de tipo xerófila y semiárida que a ratos introduce el contraste. Hay que hablar de este Municipio como una sub-región donde deberán ubicarse, según rigurosa perspectiva de la historia, el Puerto Real de La Vela, este último por donde desembarcó el General Francisco de Miranda hace exactamente dos siglos y que, en un acto de justicia universal, fue incluido junto con Coro en la Lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Macuquita se ubica, camino de la Sierra Coriana, en un punto de la Ruta de la Libertad, y no en la Ruta del Esclavo, como ha sido instituida también en uno de sus programas por el antes mencionado prestigioso organismo internacional. Cierto es que no muy lejos, existen las ruinas del depósito de esclavos denominado Güide, al que los negros de la Sierra le dieron el nombre de El Tinglado, que fue una un fortín al estilo de las ergástulas de los romanaos, con una estructura hecha a base de piedra, cal y barro cocido. El Tinglado está situado en las que fueron las tierras del militar Juan de la Colina, quien se convertiría en amo y señor de la sierra coriana en base a las exportaciones de cacao, café, azúcar, pieles y aguardiente blanco y quien supo servirse excelentemente del comercio de esclavos, que tenía como punto fundamental de provisión a la cercana isla de Curazao.
Pero, si bien este mudo testigo es evidencia del uso por parte del explotador de la fuerza de trabajo esclavo y del propio comercio esclavista, en esas mismas sendas de la serranía se habrían de continuar la resistencia y las luchas hincadas entre la población aborigen y los esclavos hacía mucho tiempo. En ese paraje donde en el pasado abundaban las haciendas, en mayo de 1795 de produjo uno de los hechos más relevantes de la historia nacional venezolana y del continente americano: bajo el mando del zambo José Leonardo Chirino parte de las dotaciones de esclavos de la hacienda donde éste se desempeñaba como miembro de la dotación ligada a la casa del amo, y de negros y mulatos libres de otras haciendas vecinas, con miembros de lo que para entonces eran denominados pueblos de indios, se complotaron y alzaron en contra de las autoridades coloniales que los explotaban y expoliaban a par iguales. Este importante hito debe ser contextualizado precisamente tomando en cuenta el movimiento y traslado de ideas de liberación que generó la Revolución Francesa y, mucho mas cercanamente, el modelo o ejemplo que circuló por todo el Caribe, para entonces, proveniente de la recién inaugurada Revolución de los esclavos de Haití y que tocó tierra firme en Venezuela justamente por el territorio que aquí nos propusimos estudiar.
Precisamente, este territorio era refugio seguro de los africanos huidos de las haciendas y sitios donde eran sometidos a esta inhumana y execrable práctica esclavista. Les sirvió de amparo defensivo y luego construyeron en él los famosos palenques donde convivían con la población aborigen con la cual se establecieron importantes mecanismos de intercambio cultural y de convivencia aun no explorados y que, en consecuencia, han sido incluidos entre los objetivos de nuestro estudio.
Al referirnos a la población de esta comunidad, estamos hablando de población aborigen, negros, mestizos, zambos y mulatos libres, entre quienes se establecieron profundos lazos apretados por condiciones físicas y condiciones sociales compartidas. A partir de ellos, se generó un tipo humano cuya mentalidad y formación axiológica deberá ser adecuadamente ponderada y estudiado para explicarnos fenómenos de relevancia para la historia de nuestros pueblos--como el guiado por José Leonardo Chirino-- y comportamientos que se extienden hasta el presente, los que junto con las expresiones de su espiritualidad, y especialmente los de la cultura tradicional, constituirán fines principales de nuestra investigación.
1.2.4.- La Chapa
Existe la vaga presunción de que parte del mundo mítico, de la espiritualidad y de las creencias de la Sierra Coriana yacen en ese ámbito montuno enredadas entre una exuberante fronda y el calor de los serranos, apegados firmemente a su terruño y al fuego de sus hospitalarias viviendas. Como si se tratase de un bolsón donde permanecen encapsuladas u ocultas y que, rara vez, saltan de su encierro al estilo de las emanaciones de la Caja de Pandora. Nada más lejano a la realidad: misteriosos senderos se han tejido a lo largo de la historia para penetrar en los barrios y las casas de los corianos de la ciudad. Está por dibujarse la geografía espiritual que une secretamente el monte y el llano, hasta evidenciarnos que poca diferencia existe entre un serrano y un coriano de Coro. Se impone, pues, que vayamos mostrando poco a poco ambos aparentes mundos diferentes para que la hoguera, con su fuego y con su luz propia, nos demuestre que estamos hablando de un solo y único ámbito. En el barrio nos contaron la leyenda del indio de La Chapa, quien fue perseguido y se metió en la cueva San Juan de Lugo ¿nunca apareció? Se llamaba Guanare, convertido luego en nombre de unos montes pertenecientes a Macuquita. En Macuquita existió un sitio llamado Bulevarcito cuyo significado último
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
MUNICIPIO PETIT
Cumbres de Uria (06-06-06)
Personajes:
Hay personalidades que llenan el espacio donde habitan, incluso aun después de muertas. Es el caso del serrano que a continuación presentamos, vivo en el corazón de su esposa, Sara Ferrer de Chirino, 62 años, y de toda su familia sanguínea. En efecto, Fernando era el rezandero y curandero más importante de todo este territorio serrano que tiene en las Alturas de Uria uno de sus centros de irradiación de la cultura más visibles y fuertes.
Artesanía.
Existe variedad de productos artesanales; entre éstos, la cestería, hecha con fibras vegetales (¿Cuál nombre?) Raíz de cafeto criollo de bejuco moderno con hoja de cepo de la planta del cambur. El bejuco moreno no se parte. Se teje el sombrero con una fibra vegetal (de ¿________? )
Se usa también eucalipto, la madre de Andris, de 33 años, tiene matas de esta especie, a las que se le rocía con un espray para venderla en forma de cesta móvil hecha con la tapara (cuya mitad=camura).
En el interior de este objeto se le introducen pepitas de la planta “lágrimas de San Pedro”, que es un arbusto o especie de yerba con tela de color rojo y negro, son las famosas peonillas, pepas que llevan los colores de la bandera del M-26 de Julio.
Elaboran artesanía con el barro que toman de las lomas que forman parte de su hábitat.
Para hacer las flores que tejen con tela, emplean un troquel.
Costumbres Religiosas-Creencias.
En la referencia de la comunidad se conserva el nombre de Pastorera, la tamborera de Cabure; que usaba collares de protección contra todo tipo de males.
Uria.
En esta comunidad se hacían los rosarios cantados y la fiesta a Las Mercedes ¿Patrona? La señora Sara, construyo su templo con un altar presidido por la imagen de Jesucristo, escoltado a otra imagen de bulto en yeso de Jesús, el niño Jesús y de la Virgen María con el niño en brazos. Encima del mantel blanco dos recipientes con agua y flores.
Entre las tradiciones religiosas están las del niño Jesús, y las celebraciones de la Cruz de Mayo.
Niño Jesús.
A la derecha del altar, un _______ de madre con un bajo relieve del cáliz y a la izquierda la urna con el niño Jesús. Con motivo de esta celebración del niño, se un encuentro el 13 de Junio en Macanillas y el 24 de Diciembre recibían con gaitas.
Esta señora, sin embargo, sacaba al niño Jesús “todo el tiempo” en cumplimiento de una promesa y, aun después de su muerto, la siguen buscando la gente en su casa.
El 24/12, a las 11 pm, empieza la gente esta celebración y al día siguiente comenzaba el recorrido con la imagen en andas en el que se visitaba todos los pesebres existentes en la comunidad.
Costumbres Funerarias.
Todas las hijas de esta casa rezan novenas y realizaron las honras fúnebres llamadas “la última noche” la muerte se su padre. Recuerdo que en su velorio tuvieron que colocar 400 sillas para que se sentaran los concurrentes y en la funeraria se necesitaron dos coches fúnebres.
Arquitectura en Barro.
En Uria entrevistamos a Pedro Pérez, de Maracaibo, quien identifica la arcilla con el adobe, y el barro manifiesta que lo usan para empañotar. El barro se liga con yerba, se deja 4ó5 días en reposo, no se puede dejar podrir y es cuando se la echa esa mezcla a las paredes.
Distingue el envarillado del embutido, que se realiza con barro.
En la construcción de la casa de vivienda se emplean cerca de 50 horcones que se entierran en igual cantidad de huecos: y 30 tercios de varillas de caña brava o “canillita” que abunda mucho en los alrededores identifican a la canillita como una madera parecida a la caña de bambú.
En la vivienda también se emplean 30 palos largos denominadas latas y las soleras, que son atadas con bejuco negro, considerado como el mejor para este uso; se corta la varilla y el bejuco siempre “en (luna) menguante”, que es cuando el agua “baja” por el interior de la planta.
Se emplea el barro embutido porque con su empleo se garantiza mayor resistencia de la vivienda ante los factores medio-ambientales.
En le proceso productivo de la elaboración del barro se construye un pozo, próximo a la edificación y de tamaño diverso, a un metro de profundidad para evitar la acción de la luz del sol. El barro permanece en pozo varias horas y durante 2ó3 días se le “apisona” con los pies. Luego del apisonamiento se extrae el barro del pozo, y se le deposita en un sitio con una tapa encima, así permanece 3ó4 días para que se pudra.
El terreno se banquea primero para luego cebar en él los 50ó60 huecos donde se colocarán los palos.
En cuanto a la madera, el aceituno o araguán se corta en menguante. Se emplea 30ó40 talas e igual cantidad de tercios de varillas, 100 rollos de bejuco negro, 30 latas y en medio 1 solera para que la casa quede amarrada arriba.
Para continuar la puerta son empleados 2 horcones, al lado otro horcón, en el medio lleva una varilla para qué agarre al horcón es la madrina.
Se emplea como madera el pardillo.
Entonces con ese barro podrido se embuten las paredes.
El pañote o el pañotear debe durar al menos 4 días para que y durante este proceso no puede haber niños en el interior ni alrededor de la casa en construcción.
Entre los vecinos existe la costumbre de construir canales para que fluya por ellos el agua.
Se emplea la caña brava como madera y el bejuco negro para envarillar.
La hierba de Guinea empleada en la mezcla con el barro se corta en Uria o se trae de Curimagua.
Aunque la madera se corta en menguante, el coquito la ataca de todas formas.
Arquitectura.
El canutillo abunda en la zona, pero el otro hay que sembrarlo.
Pañote equivale a friso y manifiesta que luego le añaden cal comprada en al ferretería para evitar la entrada del mal producido por el chipo, y se acostumbra a embabusnar con ella o gasoil a la madera con idéntico propósito.
La vivienda lleva un año en construcción por el señor que nos proporciona toda esta información, quien manifiesta que allí “no hay agua” la madera la cortó él mismo y cuesta más de 400mil bolívares y el zinc cuesta 1.000.000 un millón.
Bs. 6.000 el horcón.
20.000 el tercio de varilla
Al barro producido de este modo, no le entra ningún tipo de bicho o insecto. Tampoco es cierto que el agua o la lluvia lo deterioren.
El techo de torta “da más trabajo”, el zinc es más fácil de emplearlo en esta edificación.
Torta: se emplea la varilla más pegadita; la casa se deteriora más rápidamente.
La razón de construirla con barro es que la casa resulta más barata, mientras que el zinc lo emplea por obligación del trabajo del que vive.
Mario Saavedra, de Santiago Hermes Rojas, el dueño de la casa.
El profeta, de San Diego.
El oficio del barro se lo enseño Teo, su cuñado, Esteban, y en un día lo aprendió.
El barro con cagajón de caballo lleva más trabajo; por eso él no hizo la construcción de este modo.
La casa la mantiene, intacta diría yo, el calor del hombre que la habita. Su ausencia la debilita y termina por destruirlo.
Este joven le trabaja a Roque Hernández “echando machete”, es decir, como peón.
Matapalo.
Calo: por limpio obtenido sin deforestar.
Comunidad Macanillas.
Dagoberto Chirino, 34 años, nacido en San Diego, ha vivido toda su vida en Curimagua.
Todas las casas son de bahareque o de barro, excepto la suya que fue frisada con cemento. Al barro le tiene más fe que al bloque al que los ladrones le dan un mandarriazo y roban todo. ¿Qué tendría para penetrar las paredes de barro?.
Materiales Empleados en la Vivienda Rural de Barro:
1. Cortar horcones en menguante
2. Latas de pardillo, macurite, luano, Maracay, manato y aceituno.
3. Varillas de caña brava
4. Tierra dulce= pañote con la hierba de la sabana= torta.
Paredes: 1 envarillado, 2 embutido o compedrona, 3 pañote, 4 cal o pintura.
En las paredes también se usa tierra dulce.
Cuando se usa piedra, el barro no pega, sino el concreto. En ocasiones son empleadas mallas de alambre dulce, con el mismo envarillado.
Investigador: Lcdo. : José Millet.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
MUNICIPIO FEDERACIÓN.-
San Pedro de Mapararí /29-06-06
Las Turas
José Millet
En la cosmología religiosa, Rodolfo Garcés Soler, a sitúa a “corte india”, integrada por indios pire los primeros en despertar a Dios en su música. Los indios ayamanes llegaron ahora, con los que están mandando en el poder.
Los siete potencias divinas: la Reina, el negrito Felipe, Guaicaipuro, fue guerrero. El Rey galán estuvo en las guerras; la reina Magdalena-india-también guerrera.
Don Toribio Montañéz, Guerrero, se metió en las montañas de Agua Blanca, para al lado de La Majagua.
El Rey Amoroso, de San Pedro, era indio, pero guerrero, “de los indios de meter”.
Don Juan de Pararí, era también un guerrero de la montaña, se encantaron. La Reina Chima también se encanto.
Rafael Rivero, de 50 años de edad, asume una actitud tranquila a la espera de la lluvia para comenzar la cosecha. Otra es la actitud que da a entender, la actitud del turero que interroga a la naturaleza: ¿Qué haces para que me des lo indispensable para vivir?.
Sus padres fueron Cándida Rivero y Juan Reyes, nacido en El Frital cerca de San Pedro. Su padre fue agricultor tenia finquita, sin animales. Vendieron la tierra cuando se fueron para El Platanal. Rafael vive al lado de Flora en San Pedro. Su padre tenia 62 anos, al morir y su madre murió cuando Rafael tenia 5 años.
San Pedro
“¡Que Dios se lo pague!”, agradece Joseliano de La Florida, luego de beberse la malta que le brindó Rafael. No ve bien ¿Por qué tantas enfermedades oftálmicas en esta comunidad? Tendrá unos 70 años de edad.
Sociedad Civil- Actividad Económica
La mayoría de los vecinos de San Pedro son trabajadores agrícolas. Hay obreros, dice Rafael, vinculados al trapiche cuyo dueño se llama Manuel Suarez , que vive en El Tural, donde está la bomba gasolinera, después de Mapararí.
El trapiche emplea a trabajadores cuando esta produciendo. Es un empleo que dura 6 meses como máximo, porque depende de la cantidad de caña sembrada y de la productividad, así como de los factores climatológicos que puedan influir en la duración de la cosecha.
_______________________________________*____________________________________
Alexander, 13 años, vino a Mapararí a hacer la primera comunión que ha tenido lugar en San Pedro. Vino a hacer una exposición de plantas medicinales de hortalizas en donde tocan Las Turas, estudió segundaria básica en Mapararí. Su familia es de San Pedro, donde nació, pero se mudo en Mapararí cuando nació. Allí las cosas se hacen más fáciles; está el Liceo en San Pedro y la enseñanza solo llega hasta el 6to grado.
Para él Las Turas son una danza tradicional que tiene que ver con los ayamanes. Son bailarlas pero no ejecutar sus instrumentos musicales. Sus padres la saben bailar y su padre toca el cacho.
Rafael gana Bs 10.000 diarios, a los que se añade lo que pone la mujer, ayudante de la camioneta y Florita, su hija, a quien su marido le da no se sabe cuanto dinero a la semana. Florita tiene dos niños. Son 8 en total en su casa incluyendo al yerno.
Melcocha: se bate y se le hecha leche en polvo. Va a regalar una si el próximo lunes el trapiche empieza a laborar.
La chícora: es un instrumento de trabajo hecho de madera dura cuyo extremo es de hierro, y se emplea para abrir huecos en la tierra donde se siembra o se planta de semillas o especies de vegetales.
El machucón: es voz que antes designaba al trapichito de madera empleado para moler la caña y extraer el jugo o guarapo. Su campo semántico se amplio y sirve para designar el pilón de madera donde se pila el maíz o se desgrana la mazorca de maíz para elaborar la arepa pilá, que casi no se produce ni se consume.
Culebras
Generalmente el falconiano vive ajeno a la existencia de las terribles culebras, algunas mortales, la región es pródiga en distintitos tipos de especies en la que podemos mencionar a la rabo frito, delgada de una cuarta y media de longitud y que puede ser mortal si muerde al hombre; se enrollan y van saltando; la cascabel por el sonido característico semejante al de las maracas que no ataca, si no esta en paz es que se encuentra molesta y puede ser agresora; la macaurel , de la cual hay tres tipos: el tartaguito,el chispico o negro, el amarillo y el terciopelo, el renegrillo.
Economía.
Las mazorcas de maíz son colocadas, atadas a una cuerda encima del fogón de leña a su lado
Para que les dé humo y evitar con ello el ataque de los depredadores, insectos y plagas como el cacuro. Cuando el cacuro las pica, no fructifican.
El corte y alza de la caña de azúcar lo rodea el peligro de las culebras, cuya picada se produce por descuido de la gente y que puede ser mortal.
Se cuenta el caso, muy sonado, de un turero que vivía en El Roble pero fue muerto por una culebra en caserío El Tigre. Fue a amarrar el burro en el sitio donde estaba el reptil. Logró matarla, pero murió con ella. Lo picó en la cabeza, lugar que no encontraban, y murió.
MUNICIPIO MIRANDA
Mitare.
Por Lic. José Millet.
“Por Mitare se va a Sabaneta”
dicho popular.
Mitare y Sabaneta son dos comunidades muy próximas una de otra, a pesar de lo cual cada una tiene su identidad cultural propia.
Es un objeto de estudio que demuestra la fuerza de la identidad local. Ambas pertenecen al Municipio Miranda. El refrán puesto encima como tema, es interpretado como el deber de honor o compromiso adquirido.
Comercio
En el pasado colonial, el río Mitare fue usado para realizar el contrabando de sal con otros sitios de la geografía falconiana.
¿Mitare vs Sabaneta?
No existe contraposición, debido a la existencia de La Virgen y de formación de valores en el hogar. Se sobrepone la amistad a la discordia, según Rosalina, hija de Cheche Acosta Fuguet.
Se afirma que por el caserío mitarense de Majagual pasó El Libertador, según El Mitare de mi niñez de Ramón Fuguet.
14 km desde la carretera Caimancito es un sitio arqueológico descubierto por Cruxent en 1974 junto con profesionales de Curazao y Aruba.
Cordoncito, situado a 8 km de Mitare, es un pueblo de pescadores adonde afirma fue llevado la imagen de __________ desapareció y de ese pueblo de gente de mentalidad abierta se trasladó más tarde al poblado de San Antonio Abad, pueblo de población caquetía.
El pueblo venezolano caquetío se ha reducido a referente de una arqueología: al sitio antes aludido y a la muestra que puede ser vista en el Museo de la Fundación Víctor Fuguet, sirve de sede a la dirección de cultura de la parroquia. Ha existido todo un esfuerzo de la comunidad mitarense, liderado por la familia de los Acosta Fuguet, de colocar el referente católico como la expresión cultural predominante. Los indios están bien enterrados, en lo profundo de la geografía del territorio.
Para la organización de la muestra arqueológica se afirma haber recibido el apoyo del Alcalde Pineda Piña, de Miranda.
Disgustarnos el dulce de papo de vieja, hecho en Cumajacoa, poblado antes de llegar a Los Taques, hecho por la Sra. María Gómez, con la harina amasada, coco rayado y azúcar melada. Su esposo es artesano del barro.
Macoreco es voz que designa a los ayudantes del arriero. Encargado de llevar los arreos de los burros que se usaban para contrabandear la sal a Carora, de donde traían azúcar.
Música.
Se afirma que fue muy importante la influencia andalaza en el territorio, que tal vez haya sido decisiva en la creación del famoso Polo Coriano. También que Eliade Fuguet fue el de la expresión musical.
Arquitectura.
La Tierra de loza sirvió a la población aborigen para producir sus cachorros domésticos.
Gastronomía.
En un pilón de madera se vestía barro para obtener el sabor o gusto característico del cují, en pleno hecho a base de esta simbólica planta. Los animales también comen esa tierra-avejas y burros- ¿Por qué? Con tierra de loza y cují se obtiene la masa con que se prepara esa extraña joya de la gastronomía mitarense.
Con el cují se confecciona una bebida.
Fiestas Locales.
La expresión rompimiento designa la ruptura del silencio imperante en el pueblo que da inicio a las fiestas locales.
Eleazar Fuguet Acosta, Mitare 30 el primero 1940. Se vincula a la música siendo un niño.
Guitarra de tabla y cuerdas de tripas de chivo (1ª, 2ª, 3ª, ó 4ª si era un cuatro).
Esta guitarra costó Bs.35
Los parranderos semejaban la ranchera, pero esta música merengues, que, con los valses…
“El Mitarero” es un joropo, caso de un genero muy extraño en Falcón.
Alejandro Toyo, de La Veguita, cerca de Mitare, donde siempre se ha sembrado millo y auyama, desde 1976…
Indio Rufino es un personaje asociado a un milagro producido por la Virgen de la Candelaria.
Gastronomía.
La chanfaina es una comida elaborada en las asaduras del chivo, la sal y el “aliñito”, agua de sal, ingredientes todos colocados a la candela. Primero se pica y sazona con ajo y aceite. Este plato es una especie de fritura.
Economía.
Se dice que la pesca escasea debido a la abundancia del agua mala en el mar.
¿Es esta la única causa? A 8km se ejecuta el proyecto de la camaronera y, más allá de su sitio, el de las salinas.
Historia, Población y Familia.
En 1762, el presbítero u reste hizo un censo siendo párroco de Tacuato. Había 43 familias entre la Paraguaná. Han desaparecido los Miquelena… los Roques existen y son los más numerosos.
Euclides Fuguet Borregales: abogado y poeta evangélico, de Caracas, primero en hacer la guardia de los Fuguet.
Chaparrazo: Por golpe
Cesar Esea: Violinista
Cheche Acosta Fuguet nació en Semerucal, rodeado de cabras y abejas.
La canción “4 puntos cardinales” define a Mitare:
Ana Pérez y Sarmiento
Majagual y Pachacuare
En el medio Mitare.
Los Marrufo se fueron a vivir al barrio Pantano Abajo, de Coro.
“A la sombra de un cují”, de Cheche y “De Sabaneta a Mitare” es de Rafael Fuguet.
Viaje por el camino real; Rosa Inés, Sra. Arciante= que cuidaba los chivos.
Chuchube… muerto risa en una mata de chiguare.
Mitare.
En Mitare siempre existieron las tejedoras de hamacas. Se conserva una “plancha de carbón”, metálica, con que las amas de casa planchaban la ropa a esposos e hijos.
Gastronomía.
El bizcochuelo es un dulce típico de Mitare hecho a base de “las amarillas”-yemas – huevo batido con azúcar para obtener el merengue al que luego se le añade la harina. La masa resultante se lleva al horno, donde se obtiene una torta esponjosa y sabrosa.
Carolina Hernández, Iginia Hernández y Estelita.
El dulce de leche se le asocia a Maruca, María Reyes de Fuguet, de 67 años, quien se lo enseño.
Artesanía.
“Alpargata Creaciones Perozo”
Ángel Perozo Jiménez, artesano que elabora sandalias y montadora de zuelas. Usa la expresión “hecha mía” o hecha por mi.
Investigador: Licenciado José Millet
Mitare 14/06/2007
MUNICIPIO PÍRITU.
Investigador: Lcdo. José Millet
A la familia de Santos Pulgar y a su esposa
Píritu es un poblado que deriva de la palabra pirital palma, ubicado en un ojo de agua, de donde nació. Se repite, pues, la pauta del agua como fuente primigenia del origen de todo, incluido cada asentamiento humano.
En ese origen incierto no había médicos que no fueran la gente del sitio, en la acumulación de saberes legados por los mayores y los antepasados. Así, la finada Edelmira Morón, catirita, era la partera “partió é Margarita”.
Jesús Lastre es considerado el cronista de Píritu, nieto de la Militona; Jesús Lastre, su nieto, refería la anécdota contada por el cronista. Es el único que queda. Fay Torino, primo, tiene historias.
Militona Hernández, tía de su esposo, decía que Bolívar….. 53 años de muerto, con 80 años de edad.
Margarita Mora Sarmiento, 79 años, nació en Chimpire; su madre murió al nacer. Los dueños, Pablo Mesa, a quien le compraron la vivienda; antes Elis Bedulu (la casa de su padre por la Calle Hernández, cerca del Bar de Polita, Ana Montero de Mora, Ana Marlene.)
Había una mata de ceiba donde Bolívar amarró el caballo, para irse a bailar en esta casa, según La Melitona.
Marisol Lugo, hija de la Señora , de Píritu. Satra Landaeta, hija de La Melitona, la mamá de Mary Eizaga, ( nació)vivía en esta casa como veranista.
El Huequito – capilla.
Calixto Izarra, ganadero.
“A la bajada” vivía una señora que se casó con el padre de Mary Eizaga.
Investigador: Lcdo. José Millet.
Trapiche.
Don Trinidad Madrid era un General, dueño del trapiche grande de San Pedro.
Evaristo Pérez era “el Cacique de Píritu”, el de más poder.
Angel Silva Tellería, 1954, cuando Pérez Jiménez.
Hábitat. Vivienda Popular.
La casa de vivienda de bahareque – de varilla-, fue una invención de los humildes para que vivieran en ellas los padres que carecían de recursos para pensar en otra cosa que no fuera apropiarse de los que ofrecía la naturaleza. La idea respondió a su necesidad externa y constituyó un acto de creación que debe ser evaluado con justicia, en toda su trascendencia, a nivel de toda la humanidad.
Cuando me hablan de patrimonio de la humanidad, desde Coro donde vivo, se me instala, casi automáticamente en la mente la imagen del “hombre de barro “, a la manera del “hombre de maíz” de Asturias. No dejo de pensar en los saberes acumulados en su espíritu y en los valores de su creatividad ilimitados, que lo condujeron a aprehender de la tierra, a asirla, a transformarla en barro con que guarecerse de la lluvia, del frío y del calor inclemente, a un mismo tiempo.
Esos poderes dela creación llevaron al pueblo a descubrir y aplicar el principio económico de construir, con las propias manos y su cuerpo empleándolos recursos de la naturaleza. De ahí nació la vivienda económica, en cuya construcción interviene el dinero ni los pagos por el trabajo ajeno, si no el gasto de la energía individual, familiar y amiga. Esto, junto al trueque es otro valor que demuestra que se puede vivir al margen del sistema capitalista, de su principio económico basado en la explotación del trabajo ajeno, aún viviendo dentro de él. De ahí también nació la vivienda ecológica, hecha sin la intervención del fuego, ya que se emplea solamente la energía solar, el viento, los elementos de éste clima prodigioso adaptándolos a la necesidad de un hábitat humano sencillo, funcional y adaptable.
El otro tipo de vivienda de barro es la de adobe, afincada también en la naturaleza y concebida, más o menos con el mismo concepto de apropiación primaria de sus recursos, sin causar ningún daño al ambiente ni a ninguna criatura viviente, incluida el ser humano. Pero que inventado desde otra situación social, mas holgada, mas segura y respondiendo a una regla de seguridad dirigida a darle mayor resguardo al grupo humano o a la clase social a la que el hombre pertenecía.
El bahareque es una estructura de barro y vegetal, en lo básico, muy bien concebida y ejecutada según un plan de l